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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3724

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Mateo movió los labios varias veces, queriendo hablar, pero al final no se atrevió a decir nada.

—Ay, no es nada, de verdad. Yo puedo solucionarlo solo. Mejor... mejor voy a decirle a Aldo y a Álex que se preparen. Saldremos puntuales esta noche. Por cierto, ¿a qué hora nos vamos?

Eric le respondió con tranquilidad: —Si no hay contratiempos, a las diez de la noche.

Mateo asintió apresuradamente. —Entendido.

Se marchó casi huyendo. Ledo y Eric se quedaron mirando su espalda con profunda curiosidad.

Ledo cruzó los brazos. —Apuesto lo que quieras a que nos está ocultando algo.

Eric estuvo de acuerdo: —Dejemos que Simone le pregunte. Si de verdad necesita ayuda, podemos resolver su problema antes de irnos.

Ledo frunció el ceño, confundido. —Pero él no conoce a nadie en Leona, no está en su territorio. ¿Qué clase de problema podría tener?

Eric no tenía la respuesta, así que simplemente guardó silencio. —...

Tesoro regresó de hacer su llamada y, al verlos a los dos frunciendo el ceño con expresiones llenas de preocupación, preguntó intrigada: —¿Qué pasó?

Ambos reaccionaron. Ledo tomó la palabra.

—Mateo salió de la habitación, y cuando le dije que nos íbamos a La Selva esta noche, lo vi bastante tenso. Parecía que no quería volver.

Tesoro abrió mucho los ojos, sorprendida. —¿Por qué no querría volver? ¡Allá es su casa!

Ledo negó con la cabeza y se encogió de hombros.

—Eric y yo tampoco tenemos idea. Tú te llevas mejor con él, podrías preguntarle. Si tiene algún problema, lo ayudamos a solucionarlo antes de irnos.

Tesoro asintió con determinación. —De acuerdo, primero voy a ver a la Tía Isabela y a las demás. Luego iré a buscar a Mateo para hablar con él.

Ledo cambió de tema: —¿Ya arreglaste todo con Nano?

Ante la mención de Nano, los ojos de Tesoro se iluminaron.

—Todo listo. Aunque le gusta mucho llorar, al menos me hace caso. Hoy mismo volverá a Puerto Rafe.

Ledo sonrió. —Con razón el padrino y la Tía Samira siempre te piden ayuda. Nano solo te obedece a ti.

Tesoro rio dulcemente.

—Mi Nano casi siempre se porta muy bien. Voy a buscar a la Tía Isabela.

Tesoro entró corriendo a la casa para buscar a las mujeres, mientras Ledo se iba a llamar a Miro y a Laín. Eric se quedó de pie en la puerta, observando la dirección por la que Tesoro había desaparecido...

Dentro de la habitación.

Tan pronto como la Primera Dama vio a Tesoro, preguntó ansiosa: —Simone, ¿Lucio está bien?

Tesoro asintió para tranquilizarla: —Está perfecto, no tienen de qué preocuparse. En un rato más despertará.

La Primera Dama insistió: —¿Estás completamente segura de que no le pasa nada?

Tesoro asintió de nuevo. —El pequeño doctor divino es muy bueno en lo que hace, pueden confiar en su palabra.

La Primera Dama asintió con firmeza, la indignación asomándose en su voz. —¡Entonces la persona que envenenó a mi Moni es la verdadera culpable de que no haya podido tener un hijo en todos estos años!

Isabela preguntó con preocupación: —Simone, ¿el veneno en el cuerpo de Mónica tiene cura?

Tesoro respondió con seguridad: —Creo que sí, vi al pequeño doctor divino muy confiado. Sin embargo, yo le recomendaría a la hermana Mónica que no regrese a La Plata por un tiempo. Será mucho más seguro si se queda en Leona a recuperar su salud.

La Primera Dama estuvo totalmente de acuerdo.

—Apoyo lo que dice Simone. Lo más probable es que quien te envenenó sea alguien de La Plata. Hasta que no descubramos al culpable, no volverás allá. Leona es el lugar más seguro para ti.

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