Tras decir esto, Mateo miró de reojo a Aldo, Álex y los demás.
En ese momento, todos estaban enfrascados en la pelea, claramente acorralados por los hombres de negro, sin poder liberarse para acudir en su ayuda.
Mateo volvió la mirada hacia los sujetos que tenía frente a él.
—¡Si son hombres de verdad, quítense las máscaras y díganme quiénes son!
La voz del oponente sonó gélida y cargada de sarcasmo.
—No eres rival para nosotros. Si peleas, lo único que te espera es la muerte. No queremos hacerte daño. Entrega a Simone Bello y nos iremos ahora mismo.
Mateo frunció el ceño, furioso.
—¡Ni en tus sueños!
El hombre se burló.
—Eres el único heredero de la Familia del Pozo. Si mueres, toda tu familia quedará sumida en el luto. Así que será mejor que seas sensato y no te busques problemas.
Mateo replicó sin titubear:
—Si saben que soy el joven maestro de la Familia del Pozo y aun así se atreven a provocarme, o ya se cansaron de vivir o no son simples matones. ¡Díganme quiénes son!
El enemigo ignoró la pregunta y sentenció:
—Tienes tres segundos para pensarlo. Entreguen a Simone Bello y todos los demás podrán irse a casa sanos y salvos. ¡Si no lo hacen, todos van a morir!
Mateo apretó los dientes.
—¡No necesito ni un segundo! ¡Jamás les daré lo que quieren! ¡Si quieren llevarse a Simone Bello, primero tendrán que pasar por encima de mi cadáver!
Con eso, Mateo se lanzó al ataque, tomando la iniciativa.
Los hombres de negro se burlaron.
—¡Está buscando la muerte!
—¡Si tanto quiere morir, vamos a complacerlo!
—¡Acabemos con este mocoso para que el viejo del Pozo se quede llorando!
Los hombres se abalanzaron sobre Mateo, con los ojos inyectados de intenciones asesinas.
Eric frunció el ceño. Temiendo que Mateo no pudiera con todos, se preparó para intervenir.
Afuera del auto, el caos reinaba. Adentro, Ledo estaba desesperado.
Quería salir a pelear, pero no se atrevía a separarse ni un milímetro de Tesoro, así que se pegó a la ventana mirando con ansiedad.
Tesoro también estaba nerviosa.
—Esos tipos son Maestros del Vínculo. ¿Correrá peligro Eric?
Ledo frunció el ceño.
—Los Maestros del Vínculo también son humanos. Eric sabe pelear muy bien, no lo lastimarán tan fácil. Pero... ¿qué le pasa a la Familia del Pozo? ¿Por qué llevan tanto tiempo peleando y no han derribado a ninguno?
—¿Y tú podrías ganarles, Ledo? —preguntó Tesoro.
—¡Por supuesto que sí! Mira sus movimientos, cada uno es más patético que el anterior.
—No solo están compitiendo con movimientos de pelea, también están usando el Arte del Vínculo. Ya activaron sus criaturas —aclaró Tesoro.
Ledo la miró, curioso.
—¿Y por qué yo no me he dado cuenta?
—Porque no sabes nada sobre el Arte del Vínculo —dijo ella antes de girarse hacia Lázaro—. Tú sí deberías haberlo notado, ¿verdad?
Lázaro asintió.
—Sí, en efecto, están usando el Vínculo.
—¿Y quién crees que es más fuerte? —volvió a preguntar Tesoro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo