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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4161

Tesoro frunció el ceño con pesar.

—Aunque ya suponía que Aura estaba muerta, ver su cuerpo hoy me dejó con una tristeza inexplicable. Ni siquiera la conocía bien, pero no sé por qué me afecta tanto.

Eric ofreció una perspectiva comprensiva: —Probablemente porque no era una mala persona, y por la conexión que tenía con doña Flores.

Tesoro lo miró, intrigada. —¿Mmh?

Eric se explicó: —Las personas de buen corazón siempre generan empatía. Además, ella sentía un gran respeto por doña Flores, y la señora tenía en alta estima a la chica. Si se entera de que realmente está muerta, sin duda le dolerá mucho.

Tesoro asintió lentamente.

—Tienes razón. Ay... la bisabuela estaba tan emocionada cuando se enteró de que Aura podía estar viva. Su decepción será tan grande como su esperanza inicial. Le va a romper el corazón.

Eric intentó tranquilizarla: —No te agobies tanto. Es cierto que le dolerá, pero el duelo no la consumirá. A la edad de doña Flores, uno ya aprendió a ver la vida y la muerte desde otra perspectiva.

Tesoro volvió a suspirar profundamente.

—¿Crees que debería contárselo?

Eric reflexionó un momento antes de responder con seriedad:

—Si estuviera en tu lugar, se lo diría. Siento que ella merece saber la verdad, estoy seguro de que necesita conocer el destino final de Aura.

Tesoro asintió decidida. —Entonces, cuando regresemos, la llamaré.

Eric emitió un leve sonido afirmativo y dijo: —Vámonos.

Desandaron el camino. Al subir a la carreta, Eric le tendió de inmediato una toalla seca y una capa para el frío.

—Atrinchérate aquí para entrar en calor. Cuando lleguemos a casa, podrás darte un baño y cambiarte de ropa.

Tesoro asintió y se arropó bien con la capa. Luego le preguntó a Eric:

—¿Aún no hay noticias de Ledo?

Eric respondió: —De momento, nada.

Tesoro inquirió preocupada: —¿No te ha llamado?

Eric negó: —No, supongo que no es el momento adecuado.

Tesoro soltó un suspiro melancólico.

—No sé cuándo terminará sus asuntos aquí. Ya casi es Año Nuevo, y cada día extraño más estar en casa. Quisiera regresar de inmediato para ver a papá, mamá, Nano y los demás...

Eric aseguró con calma: —Falta poco.

Tesoro apartó un poco la cortina de la carreta y observó el lúgubre paisaje.

—La Selva no es lugar para nadie. Para la gente común, es una trampa mortal; a cada paso corres el riesgo de terminar envenenado por algún bicho.

Los labios de Eric se movieron con cierta duda. —¿Te gusta este lugar?

Tesoro ni asintió ni negó.

—Me gusta estudiar venenos, así que me fascinan las especies tóxicas de aquí. Pero detesto el entorno y las costumbres que tiene esta gente.

Eric se atrevió a preguntar: —¿Y qué pasará si en el futuro tienes que vivir aquí?

Tesoro parpadeó, desconcertada, y le devolvió la pregunta:

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