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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4185

Blanca exigió: —Entonces haz un juramento primero.

Yago parpadeó. —¿Qué clase de juramento?

Blanca dictó sin pestañear: —Jura que, después de que te cuente lo que hizo tu hijo, si te atreves a enojarte, a ir a buscarlo para reclamarle o a gritar que lo vas a matar, ¡entonces no podremos envejecer juntos y me perderás para siempre!

Yago tragó saliva. —... Ese juramento es demasiado cruel. Pide otra cosa.

Blanca hizo un gesto de desdén.

—Si tan seguro estabas de cumplir tu palabra, ¿a qué le tienes miedo? Si ni siquiera te atreves a hacer un juramento, es porque en el fondo sabes que no cumplirás. Pura palabrería barata.

Fingió un suspiro resignado y añadió:

—A decir verdad, mejor hay que matarlo a palos de una vez. Así te ahorro el coraje. Total, cuando lo escuches, querrás asesinarlo tú mismo.

Yago exclamó a la defensiva: —¡No me voy a enojar! Lo juro. Si después de que me lo cuentes, no actúo como prometí y, por el contrario, empiezo a gritar y amenazar con matarlo, entonces perderé a mi amada esposa y no podré envejecer a su lado.

Al terminar de hablar, Yago preguntó algo resignado: —¿Satisfecha?

Blanca asintió con aprobación. —Sí.

Yago esbozó una sonrisa y preguntó: —¿Sabes por qué me atrevo a garantizarte que no me voy a enojar?

Blanca inquirió: —¿Por qué?

Yago explicó: —Primero, para que tú te calmes. Y segundo, porque cada vez que pienso en que ese mocoso travieso nos consiguió una nuera tan espectacular, se me llena el corazón de alegría. Ese simple hecho es más que suficiente para perdonarle cualquier travesura o error que pueda cometer.

Blanca apretó los labios y soltó la bomba con frialdad:

—Tu hijo no está con Simone.

Yago parpadeó. —¿Eh?

Blanca se lo repitió, esta vez marcando cada sílaba:

—Lo que oíste: ¡tu hijo jamás ha sido novio de Simone!

Yago se quedó perplejo, sin asimilarlo del todo.

—¿Cómo que no? ¿Pero si no acaban de salir de paseo juntos? Deberían estar juntos en este preciso momento.

Blanca fue directa al grano: —A lo que me refiero es que tu hijo nunca ha tenido una relación romántica con Simone. La chica no siente absolutamente nada por él en ese sentido.

A Yago se le cayeron los brazos de la impresión.

—¡Eso es imposible! ¡Es un asunto de máxima importancia! ¿El mocoso tendría las agallas de inventarse algo así?

Blanca asintió pesadamente. —Las tuvo, y lo hizo.

Yago seguía sin poder creerlo. —¿Quién... quién te dijo eso?

Blanca suspiró. —Tu adorado hijo.

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