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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4251

Al instante, las mejillas de Eric se tiñeron de un rojo intenso.

Sus labios se movieron varias veces, pero no logró articular ni un solo sonido.

La señora Isabela, entre divertida y curiosa, le preguntó:

—Eric, ¿qué querías decirle a la niña?

Eric tragó saliva disimuladamente.

—Le preparé algo de comer, solo quería saber si tiene hambre.

—... Pensé que te pasaba algo. De pronto te pusiste todo rojo —comentó Isabela.

Eric se sintió aún más avergonzado, mientras Carol lo elogiaba:

—Qué considerado eres, Eric.

Tesoro añadió:

—Gracias, Eric. La verdad sí tengo hambre. Por cierto, ¿dónde está Nano?

—Está descansando en la habitación de al lado —respondió Carol—. Estuvo inconsciente tantos días sin comer y acaba de despertar ayer. Tampoco nos atrevimos a darle mucha comida. Su cuerpo aún está algo débil, y como anoche insistía en esperarte, lo convencí de que tomara su medicina y se durmiera.

—¿En dónde está? —preguntó Tesoro.

Carol señaló la habitación contigua y Tesoro dijo:

—Voy a verlo un momento. Eric, espérame un ratito, en cuanto termine de verlo me voy a comer contigo.

Eric asintió.

—De acuerdo.

Mientras Tesoro corría hacia la habitación de al lado, la señora Isabela no pudo evitar comentar:

—Tesoro trata muy bien al joven de la familia Hidalgo, es como si fuera su propio hermanito.

—Estos dos niños tienen un vínculo muy especial —explicó Carol—. Crecieron juntos desde pequeños y se tienen mucho cariño. Nano la adora aún más, y la familia Hidalgo también la trata de maravilla.

Isabela elogió:

—Es que la niña es un encanto. Es de esas personas que todo el mundo quiere apenas las conoce.

—Eric también es encantador... —respondió Carol sonriendo.

Ambas continuaron intercambiando cumplidos sobre sus respectivos hijos.

Un rato después, Tesoro salió de la habitación, cerró la puerta con cuidado y le susurró a Carol:

—Está profundamente dormido, dejemos que descanse. Más tarde le llevaré algo de comida; que coma cuando despierte.

—Ve a comer con Eric, yo me quedaré acompañándolo un rato y luego iré a comer.

Tesoro asintió:

—Está bien.

Isabela le recordó a su hijo:

—Eric, cuida bien de ella.

Él asintió.

—Lo sé.

Ambos entraron juntos al elevador. Cuando las puertas se cerraron, los labios de Eric volvieron a moverse.

Tenía algo que decir, pero al levantar la mirada hacia la cámara de seguridad del elevador, decidió guardarse las palabras por el momento.

No fue sino hasta que salieron del elevador que Eric habló.

—Simone Bello.

Tesoro se giró a mirarlo.

—Dime.

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