Varias decenas de minutos después, el policía dijo:
—El interrogatorio de hoy concluye aquí. Gracias por su cooperación, señor Abel.
Abel respondió: —Es mi deber. Si necesitan algo, llámenme en cualquier momento y vendré a colaborar con la investigación.
El policía asintió: —Perfecto. Ya se puede retirar.
Abel se levantó y salió de la sala de interrogatorios. El comisario envió a alguien a darle el recado:
—El señor Bello nos pidió el favor de informarle que Cauto ha vuelto, y que por favor acomode bien a la familia de tres.
Abel se quedó de piedra: —¿Cauto regresó?
El policía asintió: —Sí, se llama Cauto.
Abel se quedó pasmado un buen rato y, frunciendo el ceño, preguntó:
—¿A qué se refiere con la familia de tres? ¿Se casó y tuvo un hijo?
El policía dijo: —No, vino acompañado de sus padres.
Abel estaba confundido: —¿De dónde sacó unos padres?
El policía: —... Esos dos señores de allá.
Abel siguió la dirección en la que apuntaba el dedo del policía y vio a la pareja de ancianos. Abrió los ojos como platos y preguntó:
—¿Ellos... son los padres de Cauto?
El policía asintió: —Sí, sus padres adoptivos.
Abel: —... ¿Y por qué están en la comisaría?
Hace un momento, en el camino hacia la delegación, Abel había estado hablando por teléfono sin parar y no había tenido tiempo de ver las noticias en internet.
Todavía no sabía nada sobre la aparición de Cauto ni de cómo se había lanzado sobre Aspen Bello.
El policía le explicó brevemente la situación y luego añadió:
—Nuestros compañeros encargados del interrogatorio dicen que, efectivamente, la mente de Cauto no está muy clara, parece haber sufrido algún tipo de trauma. Según cuentan sus padres, cuando lo encontraron en la orilla del mar, estaba al borde de la muerte. Al despertar había perdido la memoria y ha estado viviendo con ellos en la costa todos estos años.
Abel frunció el ceño, guardó silencio un momento y, mirando al policía, preguntó:
—¿Los dos ancianos son personas normales?
El policía asintió:
—Ambos son personas completamente normales. Son aldeanos locales de un pueblito pesquero y son muy buena gente. Se ganan la vida pescando. Antes pasaban muchas dificultades, pero desde que Cauto se unió a su pequeña familia, las cosas mejoraron para ellos. Después de todo, Cauto es joven y muy trabajador.
Abel examinó al anciano y a la anciana, y dejó escapar un suspiro de manera discreta.
¡Jamás se le habría ocurrido que Cauto pudiera vivir varios años con ellos!
¿Quién era Cauto?
Con ese carácter que tenía, ¿cómo podía convivir con ancianos tan sencillos y humildes?
¿Cómo lo soportaba?
Alguien como él, que adoraba la adrenalina y el riesgo, lógicamente no debería haber tolerado una vida tan ordinaria.
Abel divagó por un momento en sus pensamientos y luego le dijo al policía:
—Gracias, entiendo. ¿Cauto todavía no sale?
El policía respondió: —Ya casi sale, solo lo estábamos esperando a usted.
Abel captó el mensaje. Dio las gracias de nuevo y se acercó a donde estaban el anciano y la anciana.
Mientras caminaba, llamó por teléfono para que le prepararan alojamiento a Cauto y a los suyos.
Cauto había vuelto de la nada. Como aún no sabían qué intenciones traía o cuál era su situación real, necesitaban mantenerlo vigilado.
Los dos ancianos aún miraban con ansiedad e inquietud hacia la sala de interrogatorios.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo