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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4339

Una hora más tarde, Abel recibió el informe de que Aspen Bello había sido llevado de emergencia al hospital por supuestos problemas de salud.

Abel, conociendo a Aspen, dedujo al instante que se trataba de una treta planificada.

Su objetivo era reunirse con Cauto.

La noche prometía ser muy movida.

Abel se apresuró al consultorio del Dr. Nathan. Carol, tras tomarle el pulso a Don Eladio y Doña Emilia, se había dirigido allí y seguía analizando el diagnóstico de la anciana.

Abel llamó a la puerta y entró: —Carol, ¿todavía estás ocupada?

Ella alzó la vista: —¿Qué sucede? ¿Todo bien?

Abel le dijo: —Ya es tarde, deberías ir a descansar. Puerto Rafe no es seguro estos días y si te quedas aquí Aspen se va a preocupar; al igual que Laín y Miro. Don Joaquín y Doña Lola también te están esperando.

Carol dejó escapar un lento suspiro y, dirigiéndose al Dr. Nathan, le dijo:

—Me iré por ahora. En cuanto tengan todos los resultados de los ancianos, mándame los archivos digitales.

El Dr. Nathan asintió: —De acuerdo.

Abel se ofreció: —Te llevaré a casa.

Carol le preguntó: —¿Tú ya terminaste tus pendientes?

Abel contestó: —Todavía no. Después de dejarte, regresaré al hospital.

Carol le respondió:

—Entonces no te molestes en ir. El chofer me está esperando abajo y también hay guardaespaldas. No te preocupes por mí. Y si vas a regresar muy tarde, no olvides avisarle a Dúnya.

Abel asintió:

—La llamé por la tarde. Le pedí que le avisara a Jalal y a Dirar que no me esperaran; ellos saben que estoy ocupado.

Carol asintió comprensiva:

—Qué bueno que avisaste, así no los preocuparás. Gracias por tu arduo trabajo en estas fechas.

Carol sabía muy bien que cada vez que a Aspen le sucedía algo, todo el peso de la empresa caía sobre los hombros de Abel.

Durante los últimos años, ella había escuchado ocasionalmente a Aspen mencionar cuestiones del negocio.

A pesar del famoso temperamento difícil de Aspen, en la empresa sobraban aquellos que disfrutaban creando conflictos y alborotos.

Aspen apreciaba el talento y la gente verdaderamente talentosa rara vez tiene un carácter dócil.

Mantener satisfechos a ese tipo de profesionales no era una tarea sencilla.

A veces el dinero no basta; también cuenta la habilidad para saber cómo retenerlos.

En toda la empresa, exceptuando al propio Aspen, Abel era el único con la capacidad de mantener todo bajo control.

No era un simple dicho afirmar que Abel y Gael eran los brazos derechos de Aspen.

Gael se encargaba de los problemas en el exterior, mientras Abel lideraba el frente corporativo.

Mientras salían juntos del consultorio rumbo a los elevadores, Abel le comentó con una sonrisa:

—No tienes nada que agradecerme, Carol. Solo estoy haciendo mi trabajo.

Carol respondió, con voz afable:

—Somos familia, no te comportes como un extraño. En cuanto Aspen regrese a casa, prepararé una cena para ti y Dúnya.

Abel asintió. —Me parece perfecto.

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