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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4366

Abel pensó para sí mismo que, con solo ver la preocupación que su cuñada mostraba por la madre de Cauto, él debería tratarla con el mayor de los respetos.

Si en el futuro Cauto descubriera la relación entre la cuñada y Aspen, ¡y se atreviera a hacerle daño a ella, no tendría perdón de Dios!

—Ve a lo tuyo, entraré primero para tomarle el pulso a la señora —dijo Carol antes de darse la vuelta y entrar a la habitación.

La señora, al verla, la saludó con gran entusiasmo:

—¡Dra. Silva, qué alegría verla! Por favor, tome asiento.

El día anterior, cuando Carol la atendió, llevaba puesta la identificación de otra doctora del hospital, la doctora Silva. Por esa razón, la señora la llamaba así.

Carol se acercó sonriendo, y la señora le comentó a Cauto:

—La Dra. Silva es de una amabilidad increíble, y además muy talentosa. El Dr. Nathan dice que es la mejor doctora de todo el hospital y que las personas comunes rara vez logran que las atienda.

—¡Y fue ella quien decidió tomar mi caso de forma voluntaria! Debemos estar eternamente agradecidos. Si en el futuro llegas a ser alguien de provecho, tienes que recompensar debidamente a la Dra. Silva...

Cauto asintió y, mirando a Carol, dijo:

—Gracias por cuidar a mi madre. Te juro que algún día te devolveré este gran favor.

Abel, desde la puerta, frunció el ceño al escuchar a Cauto. ¡Más le valía grabar esas palabras a fuego en su alma y no olvidarlas jamás!

Con su teléfono en mano, Abel se apartó a un rincón para llamar a Aspen Bello.

Como siempre, la llamada entró a la centralita de la policía, y un oficial le llevó el aparato a Aspen.

Abel le relató el incidente de los golpes propinados por Cauto y añadió:

—Justo la cuñada vio todo el problema. Lo llevó de vuelta a la habitación para curarle las heridas, y mientras charlaban, Cauto no dejaba de hablar de matar a la gente, ignorando por completo la ley. La cuñada se enfadó bastante por su actitud y cree que deberías entregarlo al General Ibarra.

Aspen Bello frunció el ceño. —...

Abel continuó:

—La cuñada también me preguntó que, como pasado mañana ya es el quinto día, cuando se celebra la bendición de la prosperidad, si vas a poder estar de vuelta en casa.

Aspen Bello respondió sin dudar: —Sí.

...

Al día siguiente, el cuarto día después de las festividades.

El escándalo mediático entre Aspen Bello y la familia de Arthur seguía escalando a un ritmo frenético.

Los extranjeros que ya albergaban prejuicios hacia Puerto Rafe aprovecharon la situación para inundar las redes de odio.

Dejaron de atacar a Aspen Bello y, en cambio, arremetieron contra todos los ciudadanos de Puerto Rafe.

La sarta de calumnias era tan absurda como aquellos que, desde el otro lado del charco, decían que 'en La Capital no hay refrigeradores', intentando reducir a Puerto Rafe y a su gente a la insignificancia.

Muchos aseguraban que en Puerto Rafe no había bondad, que su gente era sedienta de sangre, belicosa, y poco menos que unos demonios.

Evidentemente, los compatriotas y aquellos países que mantenían lazos de amistad con Puerto Rafe no toleraron semejantes injurias y respondieron con feroces contraataques en internet.

Las redes sociales se convirtieron en un campo de batalla de insultos sin tregua.

Por la tarde, justo después del almuerzo, el policía de guardia irrumpió en la sala buscando a Aspen Bello.

Con un teléfono en la mano, anunció: —Señor Bello, tiene una llamada.

Aspen Bello preguntó: —¿De quién es?

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