El Señor Franco miró perplejo a Aspen, intuyendo que algo andaba mal, y preguntó con evidente inquietud:
—¿Qué sucede?
Aspen sacudió la ceniza de su cigarrillo y respondió de manera directa:
—Cuando hago negocios, me gusta la sinceridad. Odio a la gente falsa. Si no tienes intenciones de cooperar conmigo, dilo de frente.
El Señor Franco abrió los ojos de par en par y preguntó alarmado:
—¿En qué momento he dejado de ser sincero?
Aspen fue directo al punto.
—El subordinado del que hablaste hace un momento ya no está aquí. ¿Qué intentas decir con eso?
Dar el nombre de alguien que se había ido hacía que fuera imposible no pensar que lo había hecho a propósito para ganar tiempo o desviar la atención.
El Señor Franco pareció genuinamente sorprendido.
—¿Ya no está aquí? ¿Entonces en dónde está?
—Eso te lo pregunto yo a ti —replicó Aspen fríamente.
El Señor Franco frunció el ceño con confusión.
—No puede ser. Lleva trabajando para mí muchísimos años, es imposible que se haya ido así de repente. ¿A dónde más iría si se marcha?
Sacudió la cabeza, incrédulo.
—Sin mí, él no tiene a dónde ir. Estoy seguro de que no se habría ido, ¿no se habrán equivocado ustedes?
Leandro intervino en ese instante.
—Le pedí a tu mano derecha que fuera a buscarlo personalmente. Dice que en el mismo instante en que tuviste problemas, ese tipo huyó. Hace mucho que ya no está aquí.
El Señor Franco se mostró aún más confundido.
—¡Pero eso no tiene ningún sentido!
Aspen y Leandro se quedaron en silencio.
Tras una pausa, el Señor Franco volvió a dirigirse a Aspen.
—Incluso si se fue, eso no tiene nada que ver conmigo. ¡He estado inconsciente todo este tiempo, no tengo la menor idea de dónde está! Pensaba que seguía aquí, ¡jamás imaginé que huiría!
Aspen permaneció en silencio. El Señor Franco frunció el ceño, angustiado.
—¡Te juro que estoy diciendo la verdad! ¡No gano nada mintiéndote!
Después de un largo rato en silencio, Aspen por fin dijo:
—¿Puedes encontrarlo y traerlo de vuelta?
El Señor Franco dudó un poco antes de responder.
—Puedo intentarlo.
—Si logras encontrarlo, nuestra colaboración podrá seguir adelante —sentenció Aspen.
El Señor Franco asintió con un semblante sumamente serio.

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