El subordinado asintió una vez más.
—¡Sí, señor!
Tras su partida, Milo hizo una llamada y le resumió todo el asunto a su contacto.
El hombre al otro lado de la línea le respondió:
—Primero hay que ver si logramos encontrar el cuerpo. Si es así, entonces efectivamente nuestras dudas quedarán disipadas.
Milo asintió.
—Sí, eso mismo pensé. Ya envié hombres al territorio del Señor Franco para recolectar información.
El hombre añadió:
—Si logran encontrar el cuerpo, asegúrate de recolectar pruebas. Si podemos demostrar de manera irrefutable que Aspen fue quien lo asesinó, sería el escenario perfecto.
Milo dudó un segundo.
—... Me temo que será difícil. Con lo cuidadoso que es, si mató a alguien no habría dejado rastros. Pero haré lo posible.
El hombre soltó un seco "mjm", y Milo continuó preguntando:
—Ledo Bello ya regresó a Puerto Rafe. Ahora será casi imposible averiguar la identidad de ese individuo, y las probabilidades de que Mono Rojo nos dé algo útil son casi nulas. ¿Qué hacemos a continuación?
El hombre preguntó:
—¿Está confirmado que Ledo Bello llevó a esa persona al hospital de Marlando?
Milo contestó:
—Confirmado.
El hombre dedujo:
—Si fueron al hospital, es evidente que el hombre estaba herido.
Milo agregó:
—¡Y de gravedad!
El hombre reflexionó.
—Una herida grave no sana tan fácilmente. Si ya lo trasladaron a Puerto Rafe, seguro van a requerir un lugar adecuado para su recuperación.
Milo propuso:
—¿Sugieres que mandemos a investigar en los hospitales de Puerto Rafe?
El hombre descartó la idea.
—Carol y Simone Bello son expertas en medicina. No hay ninguna necesidad de que acudan a un hospital.
Milo se sintió perdido.
—Entonces, ¿cómo lo averiguamos?
El hombre guardó silencio, sopesando las opciones.
—No te preocupes por él, tú mantente enfocado en El Triángulo de la Frontera. Trata de extraer todas las pruebas posibles sobre las actividades ilegales de Aspen; nos serán de gran utilidad.
Milo asintió.
—Entendido.
Poco después, el jefe radicado en la isla secreta recibió una llamada.
—Ledo Bello regresó a Puerto Rafe con ese individuo. Conociéndolo, no lo llevaría a ningún hospital. ¿Crees que lo haya escondido en su propia casa?
Parado frente al gigantesco acuario, el hombre observaba a los grandes peces nadar de un lado a otro. Con los ojos entrecerrados, respondió:
—Es cien por ciento seguro que lo instaló en Jardín Número Uno. Y si no me equivoco, debe de estar en el laboratorio de Simone Bello; escuché que hoy hubo movimiento por allá.
La otra parte preguntó con recelo:

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...