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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4588

Pascual pareció notar algo e intentó justificarse de inmediato.

—Además de lo que escuché del Dr. Nathan, también hay bastantes rumores en internet sobre la señorita Bello. Para serle sincero, me da mucha curiosidad.

Carol respondió con serenidad:

—Es cierto que mi hija tiene conocimientos de medicina, pero le aseguro que no es tan extraordinaria como dicen los rumores. La gente en internet tiende a exagerar mucho, en gran parte porque saben que su padre es Aspen Bello.

—El laboratorio que tiene en casa es solo un capricho que su padre le cumplió por el inmenso amor que le tiene.

Al escuchar esto, Pascual no se mostró sorprendido, pero sí molesto.

No se sorprendió porque, en el fondo, sabía muy bien que actualmente la familia protegía ferozmente a Simone y no haría públicas sus verdaderas habilidades.

Pero le molestó el hecho de que Carol acabara de cortarle cualquier vía de escape en la conversación; ya no tenía manera de seguir indagando sobre Tesoro.

Sin querer levantar sospechas en Carol, Pascual añadió:

—La señorita Bello sin duda tiene un talento prometedor. En el futuro seguramente se hará un gran nombre en el campo de la medicina. Hay que guiarla bien.

Carol asintió.

—Y usted no se deje abatir por la tristeza; lo importante es que la niña sigue con vida.

Pascual soltó un ligero suspiro.

—Supongo que todo está dictado por el destino. Entristecerse no sirve de nada.

—Hay que mirar hacia adelante; a Sonia todavía le queda un largo camino por recorrer —dijo Carol.

Pascual asintió de nuevo.

—Justo hace un momento estaba platicando con su hijo. Le decía que, en cuanto haya oportunidad, me encantaría visitar el laboratorio de su hija. Como usted sabe, mi vida entera está dedicada a la medicina, y siento una profunda admiración por el trabajo que ella hace allí. De verdad me encantaría poder ir a echar un vistazo.

Carol no le dio una invitación directa, sino que giró la cabeza para mirar a Laín.

Laín tomó la palabra:

—Ya se lo comenté a mi hermana. Me dijo que últimamente está desarrollando un producto nuevo y que tiene miedo de lastimar por accidente al Decano Salgado, por lo que no está recibiendo visitas por ahora. Pero aseguró que, en unos días, le enviará una invitación para que vaya a conocerlo.

Carol asintió y se disculpó con el Decano Salgado:

—De verdad lo lamento mucho. El lugar donde trabaja mi hija es bastante peligroso, así que sin su permiso estricto, no se le permite la entrada a nadie de afuera.

—...Lo entiendo, lo comprendo perfectamente —dijo el Decano Salgado—. En realidad, tengo muchísima curiosidad: ¿con quién aprendió medicina la señorita Bello?

Ante esa pregunta, Carol respondió sin que su expresión cambiara en lo más mínimo:

—Fui yo quien la introdujo en la materia, pero los logros que tiene ahora no son mérito mío. Digamos que tiene un don natural; nació para dedicarse a esto.

—¿Y usted con quién aprendió su medicina? —volvió a inquirir el Decano Salgado.

Esa era una pregunta a la que Carol ya estaba más que acostumbrada, así que respondió sin dudarlo:

—Aprendí con un médico anciano; tuve la suerte de adquirir un poco de su conocimiento.

—Los logros que usted ha alcanzado no pueden llamarse "suerte" —insistió el Decano Salgado—. Ese médico anciano debía ser una eminencia. ¿De qué gran maestro se trata?

—Tampoco era una eminencia mundial —dijo Carol—. Era solo un viejo doctor de un pueblo muy apartado. Antes de irme, le prometí que no le daría información suya a ningún forastero, así que discúlpeme, Decano Salgado, pero no puedo contarle más al respecto.

—...¿Al menos sigue con vida? —preguntó Pascual.

Carol frunció el ceño y puso una expresión de genuino dolor.

—No, ya falleció.

El Decano Salgado se quedó a medias entre creerle y no. Justo cuando se preparaba para formular otra pregunta, Cauto apareció corriendo a toda prisa por el pasillo.

—¡Dra. Ortega!

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