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Su Regreso, Su Remordimiento romance Capítulo 143

La mirada afilada y decepcionada de Julio se clavó en el corazón de Karim como un puñal. Un vago recuerdo afloró en su mente: hubo un tiempo, hace mucho, en que su confianza y apego por Otilia superaban incluso a los que sentía por su propia madre. ¿Por qué, ahora, dudaba de ella sin la menor prueba?

Al ver su confusión, Julio suspiró con pesadumbre.

—Joven amo, tras el secuestro de la señorita Juliana, estaban tan ocupados culpando a la señorita Otilia, ocultando la noticia y consolando a la víctima, que no se detuvieron a pensar ni un segundo. La familia Aguilar le asignó un gran número de guardaespaldas a la señorita Juliana. ¿Por qué los despidió de repente? ¿Qué hacía en ese viejo barrio?

Karim se quedó paralizado, sin palabras. Aunque no era el más brillante de la familia, tampoco era tonto. ¿Por qué nunca se había planteado esas preguntas?

Por primera vez, en lugar de correr a defender a Juliana, Karim comenzó a investigar por su cuenta.

...

Otilia no sabía nada de esto. Cuando las marcas de los golpes desaparecieron de su rostro, fue a visitar a Bruno. La organización de la fiesta de cumpleaños le sirvió de excusa perfecta para justificar su ausencia.

Después de ver a su abuelo, bajó para irse del hospital, pero una figura familiar captó su atención.

—¿Profesora Cáceres?

Sentada en una silla de ruedas, con el rostro pálido y una expresión de profunda tristeza, se encontraba Felisa Cáceres. Otilia se acercó a ella a toda prisa.

—Profesora, ¿qué le ha pasado?

La última vez que la había visto, parecía estar de buen humor. ¿Cómo había podido empeorar tanto en tan poco tiempo?

Al verla, un brillo iluminó el rostro de Felisa.

—No es nada —dijo, intentando sonreír.

—¡Vete, no quiero verte! —dijo Cecilia, soltándola con un gesto de desprecio.

—Creo que hay un malentendido, no nos conocemos de nada —dijo Otilia, frunciendo el ceño.

—¿Un malentendido? ¡Por tu culpa, mi madre fue sancionada en la escuela! ¡Ella…!

—¡Cecilia! —la interrumpió Felisa, con una severidad que Otilia nunca le había oído. La autoridad de tantos años como profesora silenció a su hija de inmediato. Pero la hostilidad en la mirada de Cecilia no desapareció.

—Esta niña tiene un malentendido contigo, no le hagas caso —dijo Felisa, sonriendo y tomando la mano de Otilia.

Otilia miró a una Cecilia indignada y, aunque no insistió, supo que no se trataba de un simple malentendido. Charló un rato más con la profesora y, tras asegurarse de que de verdad se encontraba bien, se despidió. En ningún momento mencionó las palabras de Cecilia, como si no las hubiera oído.

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