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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 190

El corazón de Bianca latía desbocado.

Si lograba que Damián firmara esto antes del divorcio, incluso si algún día descubría la existencia de los niños e intentaba quitárselos, le sería legalmente imposible.

Cualquier tribunal le daría la razón a ella.

Durante todo el trayecto de regreso a Villa Serena, Bianca no soltó el documento ni el anexo al acuerdo matrimonial, repasando una y otra vez sus opciones.

¿Cómo lograría que Damián firmara ese papel esta misma noche sin levantar sospechas?

Al cruzar la puerta de la mansión, se sorprendió al encontrar a Perla esperándola.

Al verla entrar, aunque Perla no lo admitiría en voz alta, sintió un gran alivio. *'¡Mucho amenazar con el divorcio, pero al final volvió arrastrándose! Solo una imbécil renunciaría a esta vida de lujos'.*

—¿Ya llegaste? Ven a sentarte, tengo que hablar contigo —dijo Perla, señalando el sofá a su lado.

Bianca no tenía energía para discutir con ella. Faltaba poco para irse al extranjero a dar a luz, y con asuntos de vida o muerte en juego, pelear con su suegra era lo último que necesitaba.

Se acercó y se sentó:

—Dígame.

Satisfecha con su sumisión, Perla le extendió varios folletos:

—Te inscribí en unas clases. Revísalas y organiza tu tiempo para asistir a todas. Además, quiero que renuncies a ese trabajito tuyo y te quedes en casa a descansar.

Bianca les dio un vistazo rápido: clases de etiqueta, estética, arreglos florales y moda para damas de la alta sociedad.

No tenía tiempo que perder en frivolidades.

Pero antes de que pudiera negarse, Perla empujó un tazón humeante hacia ella:

—Mira, te preparé este caldo especial de gallina yo misma. A partir de hoy, vas a tomarlo a diario. Si hay algo que no te guste, me dices y lo ajusto. Por cierto, tu abuelo ordenó que te depositen una suma generosa cada mes para tus gastos personales. ¡Yo también te daré dinero extra! No seas tacaña contigo misma, ¡cómprate cosas bonitas y arréglate más!

Mientras hablaba, destapó el tazón.

Se notaba que Perla le había puesto esfuerzo; había retirado toda la grasa de la superficie y el caldo estaba infusionado con hierbas tradicionales.

Pero al sentir el fuerte aroma, el estómago de Bianca se revolvió y una violenta ola de náuseas la invadió.

—¡Ugh...!

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