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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 24

Es decir, insinuaban que todo era un show montado para Damián.

Bianca no alcanzó a escuchar qué respondió él.

Solo oyó los pasos de los médicos alejándose por el pasillo.

Las lágrimas de Bianca comenzaron a caer sin que pudiera detenerlas.

Sentía una profunda y amarga impotencia.

Damián había enviado a dos médicos que, sin la menor ética profesional, hicieron un diagnóstico al aire y se marcharon.

Así que, cuando alguien no te ama, su indiferencia puede llegar a niveles tan aterradores.

El dolor seguía devorándola por dentro. Entonces recordó que, en su bolso, tenía unos remedios naturales que Vicente le había conseguido con un curandero experto en plantas medicinales. Le había indicado que preparara una infusión si sentía dolores fuertes.

Sosteniéndose el vientre, Bianca se levantó a duras penas, sacó la medicina y la tomó. Para cuando terminó, había agotado todas sus fuerzas y se dejó caer exhausta en el sillón.

No supo cuánto tiempo pasó. Ya había oscurecido cuando el dolor finalmente comenzó a ceder y, de pronto, la puerta se abrió.

Damián estaba de pie en el umbral. Su mirada fría recorrió a Bianca, que ahora estaba sentada en el sillón con el celular en la mano y el rostro más sereno.

—¿Ya terminaste tu teatro?

Bianca quiso decirle algo. Abrió la boca, pero al final solo esbozó una sonrisa vacía y se levantó lentamente.

—Quiero salir.

El hombre ignoró su petición. Sus ojos pasaron de las uñas amoratadas de Bianca al resto de su rostro.

—Arréglate y baja. Mi abuelo te está esperando. Compórtate. Y si se te ocurre intentar otra de tus jugadas, piensa muy bien en tu padre y en tu hermano.

Aquella frase la paralizó por completo.

Hubo un tiempo en que Bianca creía que don Severiano, el abuelo de Damián, era una buena persona.

Pero ahora, al pensar en encontrarse con él, lo único que le venía a la mente eran las palabras que había escuchado a escondidas: cómo el anciano la despreciaba y cómo planeaba enviar al extranjero al hijo que ella diera a luz, todo para dejarle el camino libre a los futuros hijos de Melisa.

—Don Severiano —saludó Bianca al acercarse al patriarca de la familia. Ya no lo llamó "abuelo" como solía hacerlo.

El anciano no pareció notarlo, o si lo hizo, no le dio importancia. La observó de arriba abajo y asintió.

—La empleada me contó que hiciste un escándalo para mudarte y, ahora que volviste, te peleaste con Damián... ¿es cierto que te atreviste a levantarle la mano?

En su mano, el anciano sostenía el reporte médico del hospital de la familia. El documento afirmaba que la madre y el bebé estaban en perfectas condiciones.

Bianca no respondió, solo desvió la mirada hacia Damián.

Él estaba sentado en el sillón más alejado, mirando la pantalla de su teléfono con una expresión de calidez que Bianca jamás le había visto.

Seguramente estaba intercambiando mensajes con Melisa.

Capítulo 24 1

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