Esas palabras hicieron que Don Renato y Don Rogelio se sintieran aún más incómodos.
Don Rogelio frunció el ceño y preguntó primero:
—¿Qué Ricardo? ¿Y qué Valdés?
—El señor Ricardo Quintero de Corporación Bioquinte, y su único hijo, el futuro heredero, Mateo Quintero —aclaró el mayordomo—. El señor Valdés es Lorenzo Valdés, el presidente del Grupo Monolito.
—Ah... —El ánimo de Don Rogelio decayó. Asintió con lentitud—. Vaya que estará animado esto. Si lo hubiera sabido, le habría dicho a Xavier que viniera para hacer contactos. ¡Mejor lo llamo ahora mismo para que se dé una vuelta!
Xavier se especializaba precisamente en el sector de tecnología médica, así que su presencia no levantaría sospechas ni comentarios de nadie.
Damián incluso agregó:
—Tío Rogelio, puedo pedirle a mi personal que se ponga en contacto con él para que venga.
Don Rogelio asintió, lanzándole a Damián un par de miradas furtivas.
Menos mal que Damián no conocía sus verdaderas intenciones; de lo contrario, seguramente no habría sido tan proactivo.
En cambio, Don Renato no sabía qué decir.
Esas personas habían llegado justo en ese momento clave, y cada uno tenía un estatus superior al anterior.
¿Acaso Romeo podría competir contra ellos?
Romeo había tenido ciertos logros en el pasado, pero eso fue hace tiempo, y ahora su carrera profesional estaba estancada. Compararlo con ellos era como comparar a un rey con un mendigo.
Y aun dejando de lado las comparaciones, después de que Romeo empujara a Bianca y provocara que perdiera el bebé, Doña Estela seguramente ni siquiera querría verlo en pintura; no pasaría el filtro de la matriarca.
Don Renato apretó los puños y, aunque mantuvo una sonrisa en el rostro, su mente maquinaba a toda velocidad.
A Don Rogelio no lo dejaba en paz la preocupación. Salió un momento a dar una vuelta y llamó a Xavier para explicarle la situación.
Inseguro de las verdaderas intenciones de su hijo, recurrió a la amenaza.
—Bianca es una joven excepcional, ¡me agrada mucho! Pase lo que pase, tienes que ganártela. Tómalo como un favor para mí. ¡Si no lo haces, olvídate de que te ayude a contactar con Aro, ¿me oíste?!
No se sabe qué le respondieron del otro lado, pero el humor de Don Rogelio mejoró notablemente.
Sin embargo, luego se quedó pensando: *¿Y si mi hijo está tan ansioso por contactar a Aro y aceptó venir a ver a Bianca solo por culpa de Melisa?*

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa