Bianca le respondió con total sinceridad.
—Sus conocimientos son muy sólidos, incluso más que los de Clara. Esa tesis de verdad estaba muy bien estructurada. Siendo objetivos, si mantiene ese nivel de calidad, no le será difícil conseguir un pase para la conferencia.
Vicente miró a Bianca, preguntándose si tenía fiebre o si estaba delirando.
—¿Hablas en serio?
Ella asintió, con una expresión completamente seria.
—¿Acaso olvidaste que, hace medio año, cuando fui a buscarte y te dije que había abierto los ojos, el profesor y tú ya habían puesto el ojo en Melisa? Planeaban prepararla para que fuera la sucesora de Aro. Incluso teniendo a Clara frente a ustedes, no la consideraron; su opción fue Melisa.
—... —Vicente lo había olvidado por completo. Ahora que se lo mencionaba, no pudo evitar que se le subieran los colores al rostro—. Yo... bueno, eso fue porque... ¡aún no la conocía bien!
Con frialdad analítica, Bianca continuó:
—No, Vicente. La investigaste, no intentes engañarme. Lo sé todo. Dejando a un lado los problemas personales, alguien que logra entrar a una de las mejores universidades del mundo y, siendo tan joven, se gradúa con un doctorado y tiene logros destacados durante su etapa académica, es porque tiene algo especial. Su arrogancia no nace de la nada.
Vicente notó cómo Bianca era capaz de separar completamente sus emociones de los hechos, sin dejarse llevar por la situación.
No tuvo más remedio que callarse y asentir.
De hecho, en su momento sí investigó a Melisa.
Era una mujer sumamente ambiciosa que incursionaba en finanzas, tecnología, escritura de guiones, dirección y fotografía, ganando prestigiosos premios en cada rubro.
Hablando claro, era imposible que Damián se fijara en una don nadie.
Si Damián la amaba, seguramente era porque ella tenía cualidades que lo valían.
Bianca continuó con una lucidez aplastante:
—Estás de mi lado porque me tienes aprecio. Pero si Melisa hubiera sido tu compañera y amiga, a pesar de que se metió en una relación ajena, tú y el profesor la habrían defendido basándose en sus capacidades. La habrían justificada a capa y espada. Es como piensan muchos padres: si el hijo mayor no sirve, ponen todas sus esperanzas en el menor. Yo me equivoqué primero, así que no veo ningún problema en cómo actuaron ustedes en ese momento.
—¡Ya basta! —Vicente, frustrado por las palabras de Bianca, replicó—. ¡No tienes corazón para hacer esas suposiciones!
Bianca sonrió con amargura.


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