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Suplicando tu perdón romance Capítulo 6

—Lo siento mucho, señor Dalton… el resultado es negativo. La menor Melody Dalton no es su hija biológica.

Un silencio sepulcral llenó la sala.

El mundo de Alexis se vino abajo en un segundo.

Sienna palideció, incapaz de respirar.

Tessa… sonrió levemente, fingiendo incredulidad

—¡¿Qué?! —El grito de Sienna estalló como una bomba en la habitación.

Su voz quebró el silencio como un relámpago parte el cielo en dos.

El aire se volvió pesado, como si cada molécula contuviera la tensión acumulada durante semanas.

Se levantó de golpe. Sus piernas temblaban.

El rostro descompuesto, los ojos desbordados de lágrimas que no pidió, pero que le brotaban como una tormenta.

Negaba, una y otra vez, sacudiendo la cabeza con desesperación, como si pudiera hacer retroceder el tiempo con solo ese gesto.

—¡Esto no es verdad! ¡Es una mentira, no puede ser cierto!

Sus manos temblorosas arrebataron los papeles de la mesa.

Sus ojos se clavaron en la hoja con violencia.

Una sola palabra escrita en mayúsculas, cruel, definitiva, le golpeó el alma como un látigo:

NEGATIVO.

Su mundo se desplomó en un solo segundo.

Le costó respirar. Su garganta se cerró, sus latidos se volvieron un tambor desesperado en el pecho.

Sienna levantó la vista.

Miró a Gustavo. Lo miró como si de repente fuera un desconocido, como si nunca lo hubiera visto antes.

Como si, con esas simples letras impresas, todo lo que había sido su vida hasta ese momento hubiese sido arrancado de raíz.

—¿Por qué? —exclamó, con la voz rota, ahogada en llanto, como si esa palabra fuera lo único que pudiera decir.

Un “¿por qué?”, que era al mismo tiempo una súplica, una acusación, un clamor desgarrador al universo.

Gustavo tragó saliva.

Por un segundo, también pareció hecho pedazos.

—No lo sé, Sienna. Te juro que no lo sé. Esta prueba se realizó siguiendo todos los parámetros legales. No hay error… es totalmente fidedigna.

—¡Hermana, qué vergüenza! Eres una traidora. ¿Aún lo niegas? —Tessa escupió las palabras con odio, con esa sonrisa venenosa que usaba como máscara.

Su voz retumbó como un eco cruel.

Sienna giró lentamente.

Buscó a Alexis entre las sombras de esa sala donde la verdad se había convertido en una daga.

Él estaba ahí, con las manos cubriéndose el rostro. Temblaba.

Ella dio un paso, luego otro, hasta llegar a él.

—¡Juro por mi vida que Melody es tu hija, Alexis! ¡Esto es una trampa, una mentira!

Su voz temblaba, suplicaba, sangraba con cada palabra.

—¿Recuerdas lo que me dijiste? Que me amabas… Que siempre íbamos a confiar el uno en el otro. Por favor, ¡cree en mí!

Y entonces cayó de rodillas ante él. Sin dignidad. Sin orgullo.

Solo una madre… una mujer… una persona rota.

—Juro que Melody es tu hija. Te lo juro por lo más sagrado que tengo.

Alexis bajó las manos. Sus ojos estaban rojos, inundados de lágrimas.

Parecía a punto de romperse.

—¿Por qué? —dijo, con voz apenas audible—. ¿Por qué me hiciste esto? Yo te amé como a nadie… te entregué todo lo que soy.

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