[Acércate a la segunda persona a tu derecha y susúrrale al oído: «Tienes un cuerpo increíble».]
La primera persona a la derecha de Selena era Vidal, y la segunda... era Emilio.
El rostro de Selena comenzó a arder. Damián, mientras tanto, seguía animando a todos a su alrededor: —¡Rápido, rápido, no perdamos tiempo!
Selena echó una mirada furtiva a Emilio. Él estaba con la vista fija en su celular. El perfil de su rostro se veía sumamente definido; parecía totalmente ajeno al bullicio, como si nunca hubiera sido parte de ese juego absurdo.
Vidal le dio unas palmaditas en la rodilla a Selena, indicándole que se apurara. —Es solo un juego. Hay que saber perder, no seas tan tímida y no nos hagas perder el tiempo a todos.
Selena apartó la mano de Vidal. Se puso de pie. Esos pocos pasos que dio hasta llegar a Emilio se sintieron como caminar sobre algodón, con las piernas temblando.
Cuando Selena se plantó frente a Emilio, él finalmente salió de su ensimismamiento. Dejó el celular y levantó la vista para mirarla.
Por un segundo, hubo desconcierto en sus ojos, pero al ver el papel que Selena apretaba en sus manos y la expresión de Damián, que parecía a punto de saltar de la emoción, comprendió todo.
Se inclinó ligeramente hacia ella y le preguntó con su voz profunda: —¿Necesitas que coopere?
Selena asintió sin decir una sola palabra. Se inclinó hacia adelante.
El aroma de Emilio le llegó de golpe: olía a cedro húmedo después de la lluvia, mezclado con la frescura penetrante de la menta. Era un aroma embriagador.
Selena respiró hondo y acercó sus labios a su oído. —Tienes...
Quería decirlo lo más rápido posible. Decirlo rápido para poder huir. Pero justo cuando estaba a punto de pronunciar las últimas palabras, sus labios rozaron accidentalmente el lóbulo de la oreja de Emilio.
El contacto suave y cálido hizo que Selena se paralizara por completo, con la mente convertida en un nudo de nervios. —... un cuerpo increíble.
Lo susurró apenas con un hilo de voz y regresó a su lugar a toda prisa. Tomó su botella de agua mineral y bebió dos grandes tragos. Eso le ayudó a calmar un poco la vergüenza.
El juego continuó. Para sorpresa de todos, esta vez le tocó a Vidal.
Vidal sacó una carta, leyó el contenido y se quedó pasmado.
Nadia se la arrebató de las manos de inmediato. —A ver qué dice. ¡Otra vez es una verdad! Hoy parece que fuimos maldecidos con las verdades. La pregunta para mi hermano es: «¿Alguna vez has hecho algo para traicionar a tu pareja?»

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