Selena calculó mentalmente sus horarios para ese día y le respondió a Nadia con calma: —Ahorita estoy un poco ocupada, más tarde tengo que ir al estudio, y por la tarde iré con tu primo a tomar unas fotos para la licitación. No sé a qué hora termine y no quiero estropear tus planes.
Nadia guardó silencio un momento desde el otro lado de la línea, calculando los tiempos. —Primero voy a llamar a mi hermano para confirmar a qué hora terminan. La cena es más o menos a las seis y media de la tarde, yo creo que sí te da tiempo.
Selena soltó una carcajada suave, llena de curiosidad: —¿De qué trata la cena que te tiene tan emocionada?
Nadia se rio tímidamente, se aclaró la garganta y confesó: —La subasta pasada fue todo un éxito, así que la empresa me encargó organizar una subasta de caridad de altísimo nivel. Y, claro, para el gran final necesitamos invitar a los magnates más pesados del mundo empresarial.
Al escuchar eso, a Selena le dio un vuelco el corazón e indagó rápidamente: —¿A quiénes invitaron a la cena de hoy?
Nadia respondió con voz melosa: —¿Pues qué otros magnates importantes hay en el Distrito Norte?
Selena contuvo la respiración por un instante.
Nadia prosiguió con el clásico tono de una joven enamorada: —Siento que el señor Cárdenas y yo estamos destinados. Nos vimos anoche, y hoy nos volveremos a ver. Por cierto, ayer le mandé un mensaje por WhatsApp ¡y me contestó!
Selena apretó los labios.
Tal vez... el señor Cárdenas de verdad tenía interés en Nadia.
Al final de cuentas, Selena siempre había pensado que Nadia era la chica más pura y feliz que había conocido en su vida. Además, si en el futuro Leo terminaba viviendo con Emilio, y Nadia era la esposa de Emilio, Selena se sentiría totalmente tranquila.
Pensando en esto, Selena decidió hacer a un lado esos nervios irracionales que le invadían cada vez que estaba frente a Emilio y dijo: —¡Está bien!
Selena llegó al hospital y se encontró a Zulema y a Fabiana dentro de la habitación de Leo. Les preguntó entre risas: —¿Qué hacen aquí?
Zulema respondió con fastidio: —Estaba preocupada por el niño, así que vine a verlo. Y me encontré a esta allá abajo, pegada a mí como chicle; no se quiso despegar y se subió conmigo al taxi.
Fabiana le sonrió a Selena, y ella no pudo evitar soltar una carcajada.
Ver a ese par de ancianas era un poema: una andaba feliz en las nubes y la otra vivía enojada con la vida.
Leo, abrazando un muñeco de Ultraman que era más alto que él, corrió hacia ella con pasitos apresurados. —¡Mamá!
Selena lo atrajo hacia sí. —Falta muy poco para tu cirugía, ¿estás asustado?

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