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Traicionada y adorada: Ahora soy inalcanzable romance Capítulo 191

Quería llamar a Emilio desesperadamente para ver cómo estaba Leo.

Pero se contuvo a la fuerza.

Ella lo sabía.

Esta lección...

Tenía que aprender a superarla sola.

——

En un bar de luces estroboscópicas y música ensordecedora.

Mireya veía a Vidal completamente ebrio. No podía ni moverlo, y estaba furiosa.

Con las manos en las caderas, le rogó: —Vidal, vámonos a casa, ¿sí?

Vidal la empujó de un manotazo.

Se dejó caer sobre la barra.

Agarró otra botella de licor.

Se la llevó a la boca y dio un trago largo y desesperado.

¿A casa?

¡Ja!

¿Acaso esa era su casa?

Ni siquiera ese departamento le pertenecía.

Él había creído que Clemente estaba muerto y enterrado.

Que la familia Paredes caería en sus manos tarde o temprano. Incluso había trabajado para ellos gratis, sin exigir acciones.

¿Quién iba a imaginar que Clemente seguía vivo?

¿Quién iba a imaginar que esos viejos accionistas, que juraban apoyarlo a muerte, le darían la espalda y lo harían renunciar sin titubear en cuanto saliera la prueba de ADN?

¿Por qué?

¿Por qué a él?

Mireya apretó los dientes. —Vidal, aunque no tengamos a la familia Paredes, todavía tenemos el estudio y nuestros otros negocios. Podemos tener una buena vida.

Vidal soltó una carcajada burlona.

¿Ese equipito de diseño? ¿Esos negocitos de poca monta?

Además...

Si esos negocios habían generado dinero a manos llenas en los últimos dos años, era únicamente porque los clientes le daban los contratos por ser el gran jefe.

El día que dejara de serlo, ¿quién le iba a rendir pleitesía?

Mireya sintió una punzada en el vientre.

Harta, dio un pisotón, llamó a Javier y se marchó primero.

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