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Traicionada y adorada: Ahora soy inalcanzable romance Capítulo 32

Selena la miró con desconcierto. —No escucho lo que dices. Estás loca, suéltame.

Mireya soltó una carcajada. —Selena, te vi con mis propios ojos hace un momento. Estabas contestando el teléfono afuera sin llevar el audífono, ¿y todavía intentas hacerte la tonta conmigo? ¿Qué intenciones ocultas tienes? Recuperar la audición es algo enorme, ¿por qué se lo escondes a Vidal?

Selena bajó la mirada, sus pestañas temblaron levemente y en sus labios se dibujó una pálida sonrisa. Con la otra mano, apartó el agarre de Mireya. —Ponerte a hablar sin parar con una persona sorda... ¿estás tan sola que no tienes con quién conversar?

Mireya clavó sus ojos en los de Selena. —Selena, sigues fingiendo, ¿verdad?

Selena la miró como si fuera una idiota y dio un paso para bajar las escaleras.

Enfurecida, Mireya le cerró el paso nuevamente, acercando su rostro casi hasta rozar el de ella, con una expresión de triunfo malicioso. —Selena, entonces te lo diré claro. A Vidal le da asco que te hayas casado antes con un viejo. Él es muy meticuloso, así que prefiere manejar en medio de la noche para acostarse conmigo antes que tocarte a ti.

—¿Sabes por qué Vidal se casó contigo? Primero, porque no quería que lo tacharan de malagradecido. Segundo, porque tu hermano quedó en estado vegetativo por salvarme y le diste lástima. ¡Y tercero, porque la señora Paredes temía que él acumulara demasiado poder! Al casarse con una persona discapacitada y sin contactos como tú, la señora Paredes podía quedarse tranquila.

A medida que hablaba, la sonrisa de Mireya se ensanchaba. —Para ser honesta contigo, Selena, tu marido tiene un apetito insaciable. Me busca todas las noches. ¡Hasta en tu noche de bodas nos acostamos en el balcón de tu cuarto, y terminamos empapados en sudor!

La bofetada resonó con fuerza en el rostro de Mireya.

La fuerza del golpe le volteó la cara.

Sobre su piel de porcelana, aparecieron al instante las cinco marcas hinchadas de los dedos.

Pero, lejos de enojarse, ni siquiera había enderezado el rostro cuando soltó una carcajada. —¡Selena, por fin te has delatado!

Mireya la miró con ojos ardientes de triunfo. —¡Realmente puedes escuchar!

Selena retiró su mano, que ahora sentía adormecida.

Su expresión se mantuvo tan fría e indiferente como siempre. —Lárgate.

Mireya agarró a Selena, tirando de ella hacia abajo. —Selena, vas a venir conmigo a buscar a Vidal ahora mismo. Puedes escuchar perfectamente y sigues mintiendo. Tienes malas intenciones, voy a hacer que Vidal vea tu verdadera cara...

Ambas forcejearon en la cima de las escaleras, en un altercado intenso.

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