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Traicionada y adorada: Ahora soy inalcanzable romance Capítulo 36

Algo cambió en el fondo de la mirada de Vidal por una fracción de segundo.

Pero se contuvo y no dijo nada.

La tormenta de nieve arreciaba.

Como habían crecido juntos, Selena notó de inmediato cómo la ansiedad de Vidal aumentaba por minutos.

Bajó la mirada.

Una sonrisa amarga asomó a sus labios.

¿Le dolía tanto verla sufrir?

La puerta se abrió de golpe.

Javier irrumpió en la habitación, con el pánico dibujado en el rostro. —Señor Vidal, la secretaria Soria se desmayó en la nieve.

Vidal se levantó como impulsado por un resorte.

Al darse cuenta de que había reaccionado de forma exagerada, tomó aire profundamente y volteó hacia Selena. —Iré a ver qué pasó. Selena, el Grupo Paredes acaba de salir a la bolsa, no podemos darnos el lujo de vernos envueltos en un escándalo de negligencia o asesinato. Volveré a verte más tarde. Descansa.

Vidal y Javier salieron corriendo a toda prisa.

Recostada en la cama, Selena sorbió por la nariz. Sentía como si tuviera brasas ardientes atascadas en la garganta.

Soltó una risa apenas perceptible.

Era sorda.

No estúpida.

Sin embargo, Vidal seguía tratándola como a una imbécil.

Con su abuela aún en el quirófano, ¿cómo iba a quedarse postrada en la cama?

Se quitó las sábanas de encima y se levantó.

Apoyándose en las paredes, caminó paso a paso hacia el área quirúrgica.

Justo al pasar la estación de enfermeras, escuchó el eco caótico de pasos apresurados a sus espaldas.

Al estar en un hospital,

ese tipo de alborotos era cosa de todos los días.

Selena no le dio importancia y continuó avanzando.

Pero, cuando el eco de los pasos cesó, la voz que se escuchó fue la de Vidal: —¡Doctor, se desmayó en medio de la nieve!

Selena no se dio la vuelta ni detuvo su marcha.

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