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Traicionada y adorada: Ahora soy inalcanzable romance Capítulo 81

Sus miradas se cruzaron.

El aire se paralizó por un instante.

Selena tosió suavemente. Su sonrisa se quedó congelada a medias; no sabía si borrarla o seguir sonriendo, tanto que los músculos de su rostro se tensaron. —Señor Cárdenas, sobre lo de anoche... muchísimas gracias.

Emilio vestía un impecable traje gris acero de corte perfecto.

Se giró ligeramente hacia ella. —No hay de qué. Anoche temí despertar a su abuela, así que me atreví a traerla aquí sin pedir permiso.

Selena negó con la cabeza rápidamente. —No se preocupe, al contrario, me salvó la vida. Si no necesita nada más, bajaré a mi departamento.

Selena señaló hacia el suelo con el dedo.

Emilio levantó una ceja. —De acuerdo.

Al pasar por la sala, Leo corrió hacia ella, con los ojos muy abiertos. —¡Mami! ¿Qué haces en la casa de mi tío?

Selena se arrodilló y le acarició la cabecita. —Vine a hablar de unos asuntos con tu tío. Subí tempranito.

Leo recordó que, desde que se había despertado, su tío llevaba sentado en la sala todo el tiempo.

Se dio unas palmaditas en la cabeza. Seguro lo había recordado mal.

Leo se aferró a la mano de Selena, negándose a soltarla. —Mami, el tío dice que hoy me va a llevar a ver a un doctor de los oídos mucho mejor. ¿Puedes venir con nosotros? ¡Si estás conmigo, no me dará nada de miedo!

Esto no era un asunto menor. Por supuesto que Selena iba a acompañarlos. —Claro que sí, mi amor. Voy a bajar a darme un baño y a cambiarme de ropa.

Leo asintió, respondiendo con su dulce voz infantil.

Selena bajó las escaleras hasta su casa.

Zulema se levantó de golpe y, antes de siquiera acercarse, se tapó la nariz. —¡Uy, qué peste! ¡Apestas a puro alcohol! ¿Cuánto tomaste? ¡Con lo delicada que estás del estómago y te atreves a beber! ¡Ay, muchacha! ¡Me vas a matar de un coraje!

Selena se rió mientras se cambiaba los zapatos. —Estaba feliz y me tomé un par de copas de más. Voy a bañarme. Al rato voy a acompañar a Leo al hospital para ver a un especialista.

Al mencionar el tema, el brillo en los ojos de Zulema se apagó, y su mirada se posó en los oídos de Selena.

Leo podría deshacerse de sus audífonos y recuperar la audición con una cirugía de implante coclear.

Pero su nieta ya no tenía esa oportunidad.

Zulema suspiró pesadamente. —Está bien, te voy a calentar el desayuno. La señora Salinas salió al mercado.

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