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Traicionada y adorada: Ahora soy inalcanzable romance Capítulo 94

Aitana torció la boca con desagrado.

Bajó la voz y le advirtió: —Lo único que tienes que saber es que no es una buena persona. Si te lo cruzas por la calle, métele un buen pisotón para vengar a nuestra jefa.

Yara asintió muy seria. —De acuerdo.

Aitana tosió ligeramente. —Sé que para ustedes, recién graduados, no es fácil conseguir empleo y no quieren vacíos en su currículum, por lo que usan las empresas pequeñas como trampolín.

Al escuchar esto, tanto Zahir como Yara se sintieron un poco avergonzados.

Aitana apretó los puños y exclamó con convicción: —¡Pero no se preocupen! Nuestra jefa es una gran mujer. Aunque ahora somos un estudio pequeño, estoy segura de que bajo su liderazgo tendremos un futuro brillante y exitoso.

Yara asintió fervientemente. —Ojalá que sí. He trabajado pocos días con la señora Serrano, pero me parece una persona maravillosa.

Aitana no cabía en sí de la felicidad.

Levantó el pulgar en señal de aprobación. —Tienes muy buen ojo, mañana les invito un café.

Zahir tosió de manera exagerada.

Aitana se rio. —Sí, sí, ya sé, no me olvido de ti.

El mundo es un pañuelo.

O quizás, la mala suerte la perseguía, porque cuando Selena fue al supermercado a comprar los ingredientes para la cena, se topó de frente con Vidal y Mireya.

Vidal empujaba el carrito y Mireya iba junto a él.

Conversaban y reían.

El ambiente entre ellos era la viva imagen de la armonía.

Selena planeó darse la vuelta y dirigirse primero a la sección de mariscos.

Pero Mireya la vio y gritó: —¡Selena!

Ese día Selena no llevaba puesto su audífono, así que fingió no escucharla y siguió caminando de largo.

No había dado ni cinco pasos cuando una mano la agarró del brazo.

Selena se giró.

Y se encontró con los ojos de Vidal.

Él le lanzó una mirada a su oreja y luego comenzó a hacer señas con las manos. No sabía si era por la falta de práctica, pero sus movimientos eran algo torpes: [Selena, sé buena y vuelve a casa. Haré que señor Reyes vuelva a aceptar tus diseños de fuegos artificiales.]

Selena no cambió de expresión y respondió con frialdad: —Ya te lo dije, de ninguna manera.

Vidal aceleró los movimientos de sus dedos: [¿Qué clase de matrimonio es este? Viviendo separados, peleando como si fuéramos enemigos mortales. Selena, tú siempre has sido tan obediente, sé razonable. Ambos podemos ceder un poco.]

Selena alzó la barbilla.

Y esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos.

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