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Traicionada y adorada: Ahora soy inalcanzable romance Capítulo 95

Mireya estaba que hervía de rabia.

Pero no podía hacer nada.

Vidal Paredes alcanzó a Selena frente a la sección de verduras.

[Selena, ya me enteré de lo de Víctor. Fui un ciego. Quiero pedirte perdón por eso. ¿Tú... estás bien después de lo que pasó esa noche?]

Una disculpa tardía.

Una disculpa que llegaba después de haber tergiversado todo con malicia.

No tenía ningún valor.

Regar una flor cuando ya está muerta es un esfuerzo inútil.

Las cosas que llegan tarde son como la medicina caducada. Por más importantes que hayan sido en su momento, ya no sirven para nada.

Era mejor no pensar demasiado en ello. Mientras más lo analizaba, más asco sentía.

Selena negó con la cabeza y dijo: —Ofrecer un paraguas cuando ya dejó de llover no tiene sentido. Vidal, me estás bloqueando el paso.

Vidal, casi por instinto, se hizo a un lado.

Justo cuando Selena iba a avanzar con el carrito, Vidal la agarró de la mano.

[Selena, te lo prometo, enviaré a Mireya lejos de aquí.]

Selena se quedó paralizada un instante.

Inmediatamente después, se zafó de su agarre y empujó el carrito. Su voz sonó distante y vacía: —Búscame cuando realmente lo hayas hecho.

Selena preparó un banquete digno de un rey.

Ocho platos y una sopa.

Mientras cocinaba, las dos abuelas acompañaban a Leo en la sala viendo dibujos animados.

Fabiana se llevó un pañuelo a la nariz, compungida. —Pobrecita la ovejita. Siempre termina en la boca del lobo. Si no la muerde, la despedaza. Es demasiado cruel, ya no puedo seguir mirando...

Zulema la miraba con cara de querer desaparecer de este mundo.

Leo, con su dulce voz infantil, replicó: —Eso le pasa porque siempre se quiere comer a las ovejas.

Fabiana se mordió el labio. —Pero las ovejas son deliciosas... Imagínate una buena carne asada, barbacoa, sopa de cordero, un asado al carbón, tacos... Qué hambre me dio.

Casi se le caía la baba.

Zulema la miró con absoluto desdén.

Arrancó un par de pañuelos de papel y se los pegó en la barbilla a Fabiana. —De verdad que no te aguanto. Me voy a ayudar a mi nieta a cocinar, no vuelvo a ver la tele contigo.

Zulema se levantó y caminó hacia la cocina.

—Abuela, te dije que no era necesario, ve a descansar —le dijo Selena al verla entrar.

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