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Traicionada y adorada: Ahora soy inalcanzable romance Capítulo 98

Selena se sintió abrumada por la incomodidad al instante.

Su pequeño rostro, ya de por sí tenso, se tiñó de un intenso rojo de pura vergüenza.

Emilio, ignorando el comentario, continuó con lo que decía: —Le dije que se había equivocado de piso. Ten cuidado cuando hables con él para no delatarte.

Selena asintió rápidamente. —Entendido, gracias, señor Cárdenas.

Zulema se sentó a la mesa.

Alzó la vista y los vio susurrando.

Con una sonrisa pícara, Zulema los interrumpió: —Ya, ya, dejen de hablar y vengan a comer. Cuando terminen pueden seguir charlando todo lo que quieran, si esperan más, la comida se va a enfriar.

Leo miró a ambos.

Y apretó sus pequeños labios.

A mitad de la comida.

Leo de pronto levantó la vista y le preguntó a Selena: —Mamá, ¿tú y el señor Vidal están peleados?

El comentario cayó como una bomba.

Fabiana incluso se olvidó de su trozo de carne.

Se quedó mirando fijamente a Selena.

En un segundo, Selena se convirtió en el centro de atención de toda la mesa.

Sin otra opción, tragó grueso y le respondió a Leo con una sonrisa avergonzada: —Sí, últimamente mamá y él han tenido algunos... desacuerdos.

Leo carraspeó con seriedad.

Acomodó su cuerpecito en la silla, sentándose muy derecho.

Y con el tono más formal que pudo, declaró: —Si mamá y el señor Vidal se divorcian, ¡entonces mamá solo tiene que esperar a que yo crezca un poquito y casarse conmigo!

Zulema no pudo contenerse y soltó una carcajada.

Se apresuró a taparse la boca con una servilleta, riendo hasta que le dolía el estómago. —¡Ay, este niño! ¡Jajajaja!

Selena también se rió.

La única indignada era Fabiana. —¡No! ¡Claro que no se puede casar contigo! Si se casa con alguien, tiene que ser con nuestro Emi...

Emilio agarró un panecillo caliente y se lo embutió directamente en la boca a Fabiana.

—Nadie pensará que eres muda si te quedas callada. Cómete el panecillo —le ordenó Emilio.

Fabiana masticó un par de veces.

Cuando por fin logró tragar, de repente olvidó qué era lo que estaba diciendo. —¿Qué acaba de pasar?

Zulema, que apenas se estaba recuperando del comentario de Leo, volvió a estallar en carcajadas por culpa de Fabiana. —No pasa nada, mi querida señora, usted siga comiendo.

Ya que Leo había sacado el tema.

Selena decidió aprovechar el momento para explicarle un poco la situación. —Leo, estas son cosas de adultos, no te preocupes por eso. Sin importar qué problemas tenga con el señor Vidal, tú siempre serás el hijo de mamá.

Las orejas del pequeño Leo se pusieron rojas como tomates.

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