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Traicionada y adorada: Ahora soy inalcanzable romance Capítulo 97

Javier respondió afirmativamente al otro lado de la línea.

Vidal frunció el ceño. —Pues te equivocaste, esa es una propiedad de los Cárdenas.

Javier se apresuró a disculparse. —Entonces debo haber mirado mal los registros, señor Vidal. Lo lamento muchísimo, ahora mismo volveré a investigarlo.

Las puertas del ascensor se abrieron.

Vidal entró, soltando un pesado suspiro. —Déjalo así por hoy. Lo revisaremos mañana. Por cierto, ¿qué hay de Mireya?

Javier dudó un segundo antes de hablar. —Acabo de conversar con la secretaria Soria. Se niega a ser trasladada a la sucursal de Villarrío. Dijo que, sin importar cuánto aumente su salario, no aceptará. Prefiere renunciar.

Vidal no dijo nada más y colgó el teléfono.

Al llegar al estacionamiento de su casa, vio el coche de Mireya estacionado frente a la entrada.

Vidal no bajó de su vehículo.

Mireya tuvo que salir del suyo y subirse al de él.

Tenía los ojos hinchados y enrojecidos, luciendo débil y agotada, claramente había estado llorando. —¿Por qué quieres enviarme tan lejos?

Vidal golpeaba el volante con los dedos, de manera rítmica. —Últimamente he estado al tanto de los movimientos del gobierno. La licitación para el Proyecto Nacional de Ecosistema Digital Accesible está a punto de abrirse, y la familia Cárdenas es un rival de mucho peso.

Sin embargo, este proyecto está íntimamente ligado a la comunidad con discapacidades. Mientras tenga a Selena a mi lado, estoy seguro de que podré aplastar a los Cárdenas.

Mireya frunció el ceño.

Vidal se recostó contra el asiento del conductor, mirando al vacío. —Esta es una obra magna del gobierno. Solo el presupuesto inicial de construcción es de quinientos millones, y a partir de ahí, se destinarán mil millones anuales para mantenimiento y promoción.

Si logro conseguir este proyecto, los accionistas se arrodillarán ante mí. Ni mi padre ni la señora Paredes podrán hacer nada para controlarme nunca más.

Mireya sorbió por la nariz. —Yo apoyo tu carrera y sé lo importante que es el éxito para ti... ¿pero de verdad tienes que mandarme tan lejos?

¿Qué haré si te extraño? ¿Tú podrías estar sin mí? Nunca nos hemos separado ni un solo día, amor... No quiero alejarme de ti.

Vidal giró la cabeza.

Extendió la mano derecha y acarició suavemente el cabello de Mireya.

Luego, le secó las lágrimas de los ojos con el pulgar. —Tonta, no llores. Será un mes como máximo. En cuanto gane esta licitación, iré por ti y te traeré de vuelta.

Mireya replicó con voz ahogada: —¿Tiene que ser así? Puedo alquilar un departamento aquí, prometo no salir, prometo que nadie me verá.

Vidal no respondió.

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