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TRAS EL DIVORCIO: RUEGA POR MI SEÑOR KINGSTON romance Capítulo 4

CAPÍTULO 4 - ¿QUIERES QUE CONSUMEMOS NUESTRO MATRIMONIO?

Durante sus tres años de matrimonio, las veces que Julian había pisado esa casa se podían contar con los dedos de una mano y verlo allí en ese momento dejó a Chloe completamente estupefacta.

En cuanto a Julian, no se movió de la puerta.

Su mirada oscura, inyectada con una mezcla de furia contenida y alcohol, recorrió la almohada y las cremas que Chloe sostenía contra su pecho. La sola idea de que ella estuviera abandonando la habitación principal para mudarse al cuarto de invitados le pareció una afrenta directa a su autoridad.

—¿Vas a algún lado? —repitió.

Chloe no se dejó intimidar, sostuvo la almohada con más firmeza y lo miró con una tranquilidad que a él le pareció exasperante.

—Me voy a la otra habitación. Siempre duermo en la de invitados... lo hago desde que...

Se calló, porque no quería revelarle que no ocupaba la habitación desde que se habían casado, desde que él la dejó tirada y se mudó a su departamento de soltero.

—¿Desde qué? —instó él dando un paso.

—Nada, simplemente no me gusta.

Chloe intentó pasar, pero él no se apartó.

Al contrario dio un paso y cerró la puerta detrás de sí, acortó la distancia entre ambos y arrojó el saco con indiferencia sobre el sofá, para luego desabotonarse los primeros botones de la camisa con movimientos lentos y calculados.

—¿Conseguiste la aprobación del abuelo? —preguntó, con una sonrisa arrogante.

En el fondo estaba seguro de que el abuelo no diría que sí. No cuando se trataba de él y le gustaba joderle la vida.

—Sí —respondió ella, forzándose a mantener la voz neutral—. El abuelo estuvo de acuerdo.

Julian casi se atragantó con su saliva y al segundo se le tensó la mandíbula hasta que los músculos se marcaron bajo su piel.

«¿Había conseguido la aprobación de Alberth Kingston? ¿Cómo? ¿Por qué con tanta facilidad?»

—Así que, por favor —continuó Chloe queriendo irse de allí—, habla con tus abogados mañana mismo. No quiero seguir siendo la esposa que te estorba, ni la obligación que tienes que soportar en esta casa. En cuanto a tu familia... me encargaré de que estén de acuerdo. —Hizo una pausa deliberada antes de agregar con acidez apenas contenida—: Después de todo, llevo tres años perfeccionando el arte de convencer a los Kingston de cosas que no quieren. Esta será la última vez, así que puedes estar tranquilo.

«Tu familia».

Esas dos palabras cayeron entre ellos como cristales rotos, haciendo que ulian sintiera una punzada de irritación inexplicable.

Chloe no solía expresarse de esa manera en el pasado; antes decía "nuestra familia", "tu madre", "el abuelo", como si realmente perteneciera.

Pero él siempre se había esforzado tanto por marcar una línea entre los dos y mantener las distancias, hasta que ella terminó adoptando su misma forma de hablar.

Y ahora que lo hacía, le molestaba.

¿Qué demonios le pasaba?

—Bien —respondió secamente, aflojándose el cuello de la camisa.

Chloe observó el gesto, ese movimiento que dejaba a la vista su cuello masculino y parte de su pecho. Durante tres años había aprendido a no reaccionar, a no mostrar que su presencia la afectaba.

Así que apretó los dedos alrededor del frasco y se giró para irse.

—Me voy a la otra habitación —anunció, dirigiéndose a la puerta.

Sin embargo, al abrirla, se topó de frente con la Sra. Higgins, el ama de llaves quien estaba descaradamente pegada a la madera intentando escuchar.

—Señora Chloe... —la mujer sonrió incómoda—: La señora Evelyn llamó hace un momento, me pidió que le preguntara si necesitaban algo. Bueno... ya es tarde, así que no los interrumpo más para que el señor Julian y usted puedan descansar.

Dicho esto, la mujer cerró la puerta y de pie junto a la entrada, Chloe cerró los ojos por un momento.

Por supuesto.

Evelyn nunca perdía una oportunidad, asi que se giró hacia Julian con una sonrisa tensa que apenas ocultaba su frustración.

—Me iré en un rato. Seguramente tu madre insiste en... —tragó, sintiendo cómo las palabras se atascaban en su garganta —. Insiste en que tú y yo... —No pudo terminar la frase.

Después de tres años durmiendo sola, la idea de que Evelyn aún albergara esperanzas sobre su matrimonio era casi cómica.

Casi.

Si no fuera tan patético.

Julian la ignoró completamente.

Se quitó la camisa y comenzó a registrar el enorme vestidor con el torso al descubierto, cada músculo de su espalda moviéndose bajo la piel con esa gracia natural que siempre había tenido.

Chloe desvió la mirada rápidamente, clavando los ojos en la pared opuesta.

Estaba acostumbrada a esto.

A que no le respondiera, que no le tomara las llamadas, que ignorara sus mensajes... ese era el lenguaje cotidiano de su matrimonio.

Al principio le dolía tanto que pasaba noches enteras llorando en silencio.

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