CAPÍTULO 5: SOLO QUIERO DEJARTE
Chloe intentó empujarlo, pero era como empujar una pared de piedra. No quería estar cerca de él, no cuando su corazón latía tan fuerte que estaba segura de que él podía sentirlo.
—Suéltame —exigió.
—Tres años, Chloe —continuó él, dejándole sentir su aliento caliente contra su cuello—. Tres años manteniéndote a distancia. Tres años ignorándote. Y ahora vienes con tu divorcio, con tu actitud fría, como si nada de esto te afectara...
Sus dedos se apretaron en su cintura, casi dolorosamente.
—¿Crees que no sé lo que estás haciendo? Te vistes así, te sientas así, me miras así...
—¡No te estoy mirando de ninguna manera! —protestó ella, finalmente encontrando su voz—. ¡Estás delirando!
—¿Ah, sí? —Julian deslizó una mano por su espalda, enviando escalofríos por toda su columna—. Entonces dime, esposa mía, ¿por qué tu cuerpo está temblando?
Chloe abrió la boca para responder, pero no salió ningún sonido.
Porque tenía razón.
Estaba temblando, y no sabía si era de ira, miedo o algo mucho más peligroso en lo que no quería pensar.
—Yo... —comenzó, pero él la interrumpió.
—¿Quieres saber qué creo? Creo que todo este show del divorcio es exactamente eso. Un show. Una última estrategia desesperada para conseguir lo que has querido desde el principio.
La giró bruscamente para que quedaran cara a cara. Sus ojos azules la devoraban, llenos de una intensidad que ella nunca había visto antes.
—Así que dime, Chloe... —se inclinó hasta que sus labios casi rozaban los de ella—. ¿Tenemos sexo ahora mismo y se acaba el teatro?
El mundo se detuvo.
Chloe lo miró fijamente, con su mente vuelta un torbellino de emociones contradictorias. Parte de ella quería abofetearlo. Otra parte, la parte que había estado enamorada de él durante años, quería cerrar esa mínima distancia entre sus labios.
Pero más fuerte que todo eso, más fuerte que el deseo o la ira, estaba el dolor.
El dolor de tres años de rechazo.
De amarse a sí misma cada día un poco menos porque él la hacía sentir que no valía nada y cuando finalmente habló, su voz era apenas un susurro roto pero cargado de indiferencia.
—Lo que quiero, Julian... Lo que quiero es dejarte. Abandonarte.



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