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Tres años a tus pies, hoy te los rompo romance Capítulo 7

Apenas el auto salió del Residencial Citrino...

El teléfono de Estela sonó. Miró la pantalla: era el número de la mansión principal de los Serrato.

Respondió:

—Habla.

—¿Por qué todavía no regresas? Antes de que salieras, te dije muy claro que doña Carmen y doña Leticia vendrían esta tarde. Les encantan los postres que preparas. ¡Mira qué hora es!

La voz histérica y exigente de Inés Serrato llenó el auto.

No notó la absoluta frialdad en la única palabra que Estela había dicho.

Escuchando los reproches, Estela miró por el espejo retrovisor a un Adrián destrozado en el asiento trasero.

Al darse cuenta de que ella lo miraba, Adrián la fulminó con la mirada, como un animal acorralado y sin fuerzas.

Estela esbozó una sonrisa siniestra.

—Ya voy para allá.

—¡Pues más te vale apurarte! Están por llegar y no tienes nada listo. ¡Siempre haciéndome pasar vergüenzas!

Doña Inés seguía sin darse cuenta de lo que pasaba.

Tras lanzarle otra queja, cortó la llamada.

Al ver la sonrisa en los labios de Estela, a Adrián le dio un mal presentimiento.

Tomó su celular para enviarle un mensaje a su madre pidiéndole que cancelara las visitas.

Estela estaba actuando como una demente.

Pero antes de poder escribir, entró una llamada de Benita.

Adrián contestó de inmediato.

—Beny.

—¡Adrián, me duele muchísimo! —se escuchó el llanto desgarrador de Benita, que no parecía fingido.

El corazón de Adrián dio un vuelco.

—¿Qué te pasa?

—Duele... duele demasiado.

—¿Dónde te duele?

—La cintura, me duele la cintura.

Al escuchar que se refería a la zona de los riñones, a Adrián se le hizo un nudo en la garganta.

Benita estaba esperando un trasplante.

Con la paliza que Estela le había dado, de seguro algo andaba muy mal.

—Tranquila, ¡voy para allá de inmediato!

Tras intentar calmarla, le gritó a Estela:

—¡Da la vuelta! ¡Regresa a Citrino!

Estela le lanzó una mirada asesina a través del espejo retrovisor.

Adrián continuó:

—¡La lastimaste! Escúchame bien, Estela, si algo le llega a pasar, ¡te juro que te mato!

—¿Te acabo de romper la cara y aún tienes el descaro de amenazarme?

Adrián: «!!!»

Estela pisó el acelerador a fondo.

El auto dio un brusco tirón. Adrián, que estaba desequilibrado, dejó caer su celular al piso del vehículo.

Cuando se inclinó para recogerlo, Estela frenó de golpe. Adrián salió proyectado hacia adelante y se estrelló contra el respaldo delantero.

Por inercia, usó su mano para frenar el golpe... la misma mano que tenía fracturada.

—¡Estás enferma, maldita loca! ¡Detén el auto! —rugió de dolor.

Sabía que lo había hecho a propósito.

Además, ¿desde cuándo conducía tan bien? En los últimos tres años, apenas y sabía tomar el volante.

Capítulo 7 1

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