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Tu Tutor Tu Esposo Tu Ex romance Capítulo 233

La señora Elena no dejó de sonreír en toda la noche.

Durante la cena, no paraba de servirle comida a Gloria.

Esteban se aclaró la garganta.

—Abuela, ya párale.

—Ni que estuvieras engordando a un marrano.

La señora Elena se dio cuenta de que le había servido demasiado y lo fulminó con la mirada.

—¿Le estás diciendo marrana a Gloria?

Después de cenar, aprovechando que Gloria fue al baño, la señora Elena jaló a Esteban para hablar.

—Esteban, te voy a hacer unas preguntas y quiero que me digas la verdad.

—¿Sigues en contacto con Beatriz?

Esteban hizo una pausa de unos segundos y negó con la cabeza.

—No.

La señora Elena le pellizcó el brazo con tal fuerza que le dolió.

—Dudaste. ¿Me estás mintiendo?

Al acercarse, notó que él tenía una cicatriz en la cara.

—¿Qué es esto?

Esteban se enderezó y retrocedió un poco.

—Nada.

La señora Elena no insistió y volvió al tema de Beatriz.

—¿De verdad ya no tienen contacto?

Él respondió con resignación.

—De verdad que no.

La señora Elena dijo:

—La noche que me dijiste que te casaste con Gloria, tuve un sueño.

—Soñé que Beatriz mataba a Gloria.

Esteban sintió un hueco en el estómago.

La señora Elena continuó:

—Se moría ahogada en el agua.

—Y pasaba después de que ustedes se casaban.

—Tengo miedo de que cometas una estupidez. Si no quieres a Gloria, déjala ir.

—No le arruines la vida.

En el fondo de sus ojos fríos surgió rápidamente el pánico y frunció el ceño.

Hacía poco, él también había tenido ese mismo sueño. Cuando consultó a Celeste, ella le dijo: «Esto puede ser solo una preocupación excesiva o una manifestación del miedo a perderla».

Recordando al sacerdote que encontró en la capilla anteriormente, Esteban sintió que el asunto se volvía algo místico.

La señora Elena se puso a platicar con ella mientras veían una serie de moda.

También veían un programa de talentos.

La señora Elena opinó:

—Creo que el del número uno es el más guapo.

En realidad, a ella le parecía que todos esos ídolos se veían iguales.

La señora Elena veía esos programas por aburrimiento, así que, de tanto verlos, ya distinguía a todos.

Gloria eligió a uno que le parecía tener rasgos más distintivos.

—A mí me gusta el número cuatro.

Esteban miró al número cuatro y pensó que se parecía muchísimo a Bruno.

Volteó a ver a Gloria. ¿Será que a ella le gustan de ese tipo?

La mirada que le lanzó Esteban era difícil de descifrar.

Gloria levantó la vista y lo cachó mirándola.

Sus miradas se cruzaron y Esteban apartó la suya con torpeza.

Se sentía un poco culpable.

Ella era su esposa, ¿por qué habría de sentirse culpable?

Era como cuando en el salón de clases te le quedas viendo a la persona que te gusta y entras en pánico cuando sus ojos se encuentran accidentalmente.

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