Esta vez la señora Elena no les pidió que se quedaran a dormir.
Sentía que debía dejarles su propio espacio.
Gloria se subió al asiento del copiloto y se despidió de la señora Elena con la mano.
Cuando el auto se alejó, la señora Elena negó con la cabeza.
Juana le preguntó:
—¿Qué pasa, señora?
—¿No está contenta de que se hayan casado?
¿Quién era la señora Elena? Sabía más por vieja que por diabla.
Se había dado cuenta de que no había intimidad entre ellos, incluso menos que cuando Gloria estaba enamorada de Esteban.
No parecían un matrimonio normal en absoluto.
No era difícil ver que Gloria ya no sentía nada por Esteban.
Sus gestos y actitudes mostraban cierto distanciamiento.
La señora Elena había visto cómo era Gloria cuando le gustaba Esteban; en ese entonces, ella solo tenía ojos para él.
Ahora, ya no.
Gloria ya no lo quería, y ahora resultaba que era él quien se había enamorado.
La señora Elena le dijo a Juana:
—Olvídalo.
—Cada quien su vida.
—Que sea lo que Dios quiera.
Ya había dicho lo que tenía que decir, solo esperaba que Esteban no lastimara a Gloria.
La señora Elena regresó al interior de la Mansión y llamó a su hijo y a su nuera.
—Si tienen tiempo vengan a comer, y acuérdense de traerle un regalo a Gloria.
—Mamá, ya lo sé, ya tengo algo listo para Gloria.
—Regresamos el mes que entra.
—Está bien, regresen pronto. —La señora Elena dejó de insistir y prendió la tele para seguir viendo el programa de los muchachos.
***
Al abrirse las puertas del elevador, vieron a un hombre recargado con indiferencia en el marco de la puerta.
Tenía una maleta a su lado.
Bruno se mantuvo firme de brazos cruzados, con el rostro sereno.
Esteban lo miró con escrutinio y molestia.
—Doctor Guzmán, se equivocó de puerta.
Bruno sonrió, se giró para ver el número del departamento y dijo:
—No me equivoqué.
—Esta es tu casa, ¿no?
Los ojos de Esteban se oscurecieron, mirándolo con superioridad y frialdad.
Gloria tampoco entendía por qué Bruno estaba ahí.
Cuando abrieron la puerta, Bruno metió su maleta con toda naturalidad y se sentó en el sofá.

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