—¿El señor Ayala ve algún problema? Porque yo le veo mucho futuro al proyecto del señor Bruno Guzmán.
Todos en la mesa se quedaron atónitos. ¿No se suponía que Esteban y Bruno tenían pleito? Que Esteban hablara a favor de Bruno era algo inaudito; era la primera vez que lo veían respaldar a alguien públicamente. Una sola frase suya podía cambiar la intención de inversión de todos los presentes. Todos confiaban en el criterio de Esteban para asegurar sus ganancias.
Solo Lucas, que conocía la historia completa, se reía por lo bajo.
Bruno alzó una ceja.
—¿Ah, sí? Eso demuestra que el señor Aguilar tiene buen ojo —respondió con un tono seguro y franco, sin ninguna intención de adular a Esteban.
Esteban no se molestó en lo absoluto y le sonrió ligeramente a Bruno.
Al terminar la cena, varios intentaron acercarse a Esteban para quedar bien, pero al ver que él se dirigía hacia Bruno, se quitaron del camino. Las dos figuras altas entraron al elevador.
Mientras bajaban lentamente, Bruno miró las puertas cerradas y dijo con voz fría pero clara:
—No la vayas a molestar. Si de verdad sientes que le fallaste y quieres que te perdone, deja que tenga su propia vida y su propio tiempo.
Bruno intuía que Esteban planeaba ir a buscarla a Umbelea. Él respetaba la decisión de su hermana y no quería que nadie fuera a causarle problemas allá.
—El amor no es solo poseer.
Esa frase golpeó a Esteban en el pecho. Con voz grave, respondió:
—Está bien.
Bruno tenía razón. Si ella decidió irse a Umbelea, fue porque quiso y lo pensó bien. Quizás no quería verlo, y aparecerse allá sin avisar solo haría que ella haría que ella lo despreciara aún más. Esteban pensó con amargura que probablemente su puntuación ya estaba en números negativos.
***
Esteban estaba tan ocupado que olvidó su propio cumpleaños. Fue hasta que Lucas y Damián le organizaron una fiesta que cayó en cuenta.


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