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Tu Tutor, Tu Esposo, Tu Ex romance Capítulo 97

Esteban la seguía sin prisa, riendo levemente al verla trotar de espaldas.

Llegaron al elevador.

Por suerte, solo estaban ellos dos.

Gloria miraba a todos lados, temerosa de que hubiera paparazzi.

Esteban dijo con tono despreocupado:

—¿Qué pasa? ¿Andas robando o qué?

Gloria lo miró de reojo, con mal modo.

—¿A qué viniste a buscarme? El cuarto de Beatriz está en el piso 10.

—Gloria, ya te dije, vine a buscarte a ti.

Dicho esto, Esteban bajó la cabeza para mirar a la persona a su lado.

Su expresión era fría, sin emoción alguna.

Antes, Gloria siempre le sonreía.

Ahora siempre tenía cara de palo, harta de él.

Gloria no quiso hablar más con él hasta que el elevador llegó al estacionamiento subterráneo.

Al ver el coche conocido y la placa, caminó hacia él.

Antes de acercarse, no olvidó ponerse bien el cubrebocas y la gorra, ajustarse la bufanda y ponerse los lentes oscuros, tapándose por completo.

Al ver sus movimientos, Esteban soltó una risa grave.

Qué tranquila se la lleva.

Esteban subió al coche y prendió la calefacción.

La temperatura dentro del auto subió poco a poco; Gloria se quitó el cubrebocas y los lentes, revelando un rostro blanco y hermoso.

—Esteban, ¿podrías dejar de venir a buscarme? Siento que estás causando problemas en mi vida.

El hombre en el asiento del conductor giró lentamente la cabeza.

Sus miradas se encontraron.

Esteban la miró fijamente, su rostro se oscureció.

Un buen rato después, soltó una risa fría.

—¿Te estorbo con ese doctor? ¿O es que te enamoraste de él?

El aprecio de Gloria por Bruno definitivamente no llegaba a un nivel romántico; simplemente sentía una extraña cercanía con él.

Conteniendo la risa, Gloria lo miró y dijo:

—Esteban. No tengo tiempo para jugar a estas cosas contigo.

—No estoy jugando contigo, Gloria, hablo en serio.

Gloria era alguien que ya había muerto una vez.

El agua de mar de aquella noche había sido gélida, cortante.

Si una simple frase suya la hiciera tambalearse y volver a amarlo, entonces habría vivido en vano.

De repente, una idea cruzó por la mente de Gloria: ¿será que ya investigó la verdad sobre lo de la droga?

Preguntó directamente:

—Esteban. ¿Ya investigaste lo de que me drogaron?

A través del retrovisor, sus miradas se cruzaron.

Un destello agudo pasó por los ojos de Esteban.

Negó con la cabeza, sin responder a su pregunta.

—La señora Elena dijo que te extraña. Vamos a cenar con la abuela esta noche.

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