Al escuchar esas palabras, los dedos de Estefanía se encogieron de forma instintiva.
En efecto, ella y Sebastián habían concebido a su hijo tras una noche de borrachera en la que ambos perdieron el control.
En aquel entonces, su primera reacción fue interrumpir el embarazo, pues no quería que la gente murmurara que se había aprovechado de un hijo para escalar socialmente.
Había sido Sebastián quien la sacó del quirófano. Y con una actitud de total responsabilidad, le prometió que se casaría con ella, brindándole un hogar a ella y al bebé.
Y cumplió su promesa.
Después de casarse, fue increíblemente bueno con ambos; fue un marido ejemplar y un padre maravilloso.
Aunque después descubrió que todo había sido una farsa por Viviana, jamás se imaginó que hasta el propio embarazo hubiera sido parte de una conspiración.
Estefanía intentó ocultar el torbellino de emociones en su interior, esbozando una levísima sonrisa.
—¿Crees que me importa? Sea como sea, fui a la cama con él mucho antes que tú. Para ti, él siempre será alguien que yo usé primero.
—Estefanía, veamos si sigues sonriendo cuando leas esto.
Viviana le entregó un informe médico.
Con un solo vistazo, Estefanía comprendió de qué se trataba.
Paciente: Viviana Quintana.
Diagnóstico: Debido al accidente de tráfico, el útero sufrió daños severos. Incapacidad para concebir.
Al ver aquello, una sospecha increíble cruzó por la mente de Estefanía.
El corazón se le encogió de golpe, con un dolor tan intenso que le robó el aliento.
Notando la palidez en su rostro, Viviana arqueó una ceja.
—Cuando Sebastián se enteró de que no podía tener hijos, me prometió que me daría uno, uno que me llamaría mamá. Por eso, planeó acostarse contigo.
Lo había amado con tanta profundidad, con tanta pasión, entregándose por completo.
Había sacrificado su propia carrera por el éxito de él, y estuvo a punto de perder la vida intentando darle una hija.
¿Cómo pudo ser tan tonta para no darse cuenta de que todo estaba mal?
Estefanía soltó una carcajada sarcástica. No se reía de Viviana, se reía de la pobre ingenua que había sido.
Levantó la mirada lentamente y clavó sus ojos fríos en Viviana.
—Sin importar la razón por la que Sebastián y yo terminamos juntos, siempre seré la primera mujer en su vida, y Fabio siempre será mi hijo. Esa es una realidad que nada puede cambiar.
Viviana apretó los puños, hirviendo de ira. —¿Y eso qué? Ahora son míos, y a ti te botaron hace tiempo. Nunca más tendrás su amor. Estefanía, en esa relación solo fuiste una herramienta de usar y tirar. Cuando terminaron contigo, te desecharon sin piedad, como basura.
Estefanía soltó una carcajada burlona. —Fui parte de su plan, y tú crees que lo merecía. Pero, ¿acaso no se te ha ocurrido que también disfruté muchísimo esos años? A fin de cuentas, Sebastián es guapo, brillante y excelente en la cama. Me acosté gratis con un hombre de primera y tuve un hijo hermoso, con genes inmejorables. ¿No crees que salí ganando?

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