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Un Adiós y Un Arrepentimiento a 30,000 Pies de Altura romance Capítulo 150

—¿Te encontraste con ella?

—Sí, ahí afuera en la entrada, pero ya salió huyendo. ¡Adrián, tienes que hacer algo al respecto! ¡Esa arpía me soltó una bofetada de la nada, y sabes perfectamente que en mi vida alguien me había faltado el respeto así!

—¿Qué le dijiste? —la voz de Adrián era rasposa y severa.

Thiago se atragantó con sus propias palabras. Esbozó una sonrisa nerviosa y esquivó la mirada de su amigo.

—Nada, no le dije nada.

—¿De verdad? —Los oscuros y penetrantes ojos de Adrián se clavaron en él, como si estuvieran escudriñando los rincones más oscuros de su mente.

Thiago sintió que un sudor frío le recorría la espalda.

—Solo... solo le dije unas cuantas verdades para que se ubicara, ¡te juro que no le dije nada grave!

Antes de que pudiera terminar, el hombre frente a él se puso de pie, observándolo desde arriba. El aura opresiva que de repente emanó de Adrián llenó la habitación por completo.

Thiago sintió una presión invisible aplastándolo, obligando a sus instintos a querer dar un paso atrás.

—¿Cuántas veces te he dicho que no te metas con Ofelia? —La voz de Adrián era profundamente baja y gélida.

En esa mirada profunda hervía una furia y una frialdad que Thiago jamás le había visto. —Thiago, ¿te entran mis palabras por un oído y te salen por el otro?

Thiago tragó saliva con dificultad, intentando defenderse: —¡Adrián, te juro que fue ella la que empezó! ¡Mira mi cara!

—¿Y por qué te golpeó? —lo interrumpió Adrián, dando un paso hacia él.

—Yo... yo solo le dije la verdad... —Ante la mirada letal de su amigo, la voz de Thiago se fue apagando—. Adrián, ¿de verdad vas a tratarme así por una mujer? Llevamos años siendo hermanos. ¿Qué significa Ofelia para ti? Es solo una mujer de la que ya te aburriste.

—Cállate.

Adrián lo agarró bruscamente por el cuello de la camisa, levantándolo en vilo de la silla.

—Thiago, esta es la última advertencia que te doy. Ofelia es mi esposa. Lo es hoy y lo seguirá siendo. Si vuelves a abrir esa boca para faltarle el respeto, no me importarán en lo más mínimo todos los años de amistad que tenemos.

Thiago tembló entero al ver la crudeza asesina en los ojos de Adrián.

Jamás lo había visto con esa expresión; esa mirada, como si estuviera a punto de despellejarlo vivo, le heló la sangre.

—Ad... Adrián, ya entendí... —murmuró Thiago, con la voz temblando—. Te juro que no volveré a buscarle problemas...

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