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Un Adiós y Un Arrepentimiento a 30,000 Pies de Altura romance Capítulo 158

Ofelia se paró frente a la mesa de operaciones, respiró profundo y se ajustó los guantes estériles.

La cirugía había comenzado.

Por otro lado, Adrián bajó de su coche con la intención de ir rápidamente al baño del hospital.

Lo que menos se imaginaba era que se toparía de frente con Simón Montero en cuanto puso un pie afuera.

—Señor Caballero, la doctora Ríos tiene a su cargo una cirugía extremadamente importante el día de hoy. ¿Le gustaría presenciarla?

Simón, aunque ligeramente sorprendido de verlo allí, lo saludó con cortesía y fue directo al grano, invitándolo a ver a Ofelia en acción.

—El Director Peña convocó a todos los neurocirujanos del hospital a la sala de observación para estudiar el caso. Es una oportunidad única.

Adrián lo miró con escepticismo: —Yo no sé absolutamente nada de medicina. Aunque vaya, no entendería lo que estoy viendo.

—Pero señor Caballero, ¿alguna vez la ha visto operar? —Simón hizo una pequeña pausa—. ¿No le da curiosidad ver a su esposa haciendo lo que mejor sabe hacer?

Esa última frase fue como un gancho directo. Realmente funcionó.

Era cierto. Nunca en todos sus años de matrimonio la había visto ejercer. Le costaba imaginar a Ofelia parada en un quirófano, liderando a un equipo con el bisturí en la mano.

—Está bien. Vamos.

La sala de observación estaba abarrotada de médicos de diversas áreas, todos con la vista clavada en las enormes pantallas del frente.

En la proyección, la cirugía se desarrollaba bajo una tensión palpable.

Y allí, en el centro de todo, Adrián vio a Ofelia.

Estaba completamente inmersa en el procedimiento, envuelta en un aura de autoridad, confianza y frialdad absoluta que la hacía parecer una persona totalmente distinta a la mujer que él conocía en casa.

Esa era una versión de Ofelia Ríos que jamás había presenciado; una mujer brillante, implacable, dueña del mundo en sus manos.

—Es impresionante, ¿no cree? —comentó Simón Montero, que estaba a su lado, en tono sereno—. La doctora Ríos es el talento más prodigioso que he visto en mi carrera. Esta operación tiene un nivel de complejidad brutal. Tres de los hospitales más importantes del país se negaron a tomar el caso porque lo consideraron una causa perdida. Pero en las manos de ella, parece casi rutinario. Y por lo que veo en sus movimientos, la cirugía será todo un éxito.

Adrián no respondió. Sus ojos seguían fijos en la mujer de la pantalla.

Simón no se detuvo ahí: —La doctora Ríos no solo es hermosa y posee una destreza médica fuera de este mundo, también tiene un carácter admirable. Para serle sincero, desde el primer momento en que hablé con ella, su magnetismo me cautivó por completo. Pero supongo que era inevitable, cualquiera se enamoraría de una mujer así. ¿No le parece, señor Caballero?

Adrián frunció el ceño con brusquedad.

¿Acaso este infeliz le estaba declarando la guerra en su propia cara?

Captó perfectamente la provocación en las palabras de Simón, pero apretó los labios y se tragó la respuesta.

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