Ofelia levantó la mirada y vio a Catalina Caballero y a Sofía Varela saliendo de la boutique de al lado.
Sofía llevaba una bolsa de compras en la mano, mientras Catalina iba tomada de su brazo. Ambas reían animadamente.
El mundo era un pañuelo.
Sofía también divisó a Ofelia, y la sonrisa se congeló en su rostro.
Siguiendo la mirada de su acompañante, Catalina se topó con Ofelia. Su expresión se transformó en un gesto de desprecio al instante.
—Vaya, vaya, pero si es Ofelia —Catalina jaló a Sofía y caminó directo hacia su mesa—. ¿Qué pasa, hoy no tienes que ir a jugar a la doctora y decidiste venir de compras?
Ofelia le sostuvo la mirada, completamente indiferente: —¿Y a ti qué te importa si trabajo o no? No es como si estuvieras pagando mis cuentas.
Catalina se puso lívida ante la respuesta. Recorrió con la mirada la montaña de bolsas amontonadas junto a Ofelia. Un destello de envidia cruzó sus ojos, aunque no dejó de escupir veneno.
—Veo que mi primo te tiene muy consentida, dándote tanto dinero para malgastar.
Sofía también posó sus ojos en los logotipos de las bolsas. Todas eran marcas internacionales de primer nivel, increíblemente costosas.
Una punzada de celos le retorció el estómago, pero logró mantener su típica sonrisa de inocencia: —Doctora Ríos, todo esto... ¿se lo compró Adrián?
Antes de que Ofelia pudiera decir una palabra, Natalia intervino: —Pues claro. Por una vez en su vida, el marido hizo algo decente y le dio su tarjeta a Feli para que la use como se le dé la gana.
El rostro de Sofía perdió algo de color y sus dedos se tensaron de forma involuntaria.
Forzando la compostura, respondió: —Adrián es tan generoso con la doctora. Pero, doctora Ríos, si me permite el consejo... el dinero que él gana le cuesta mucho esfuerzo. Debería ser un poco más comprensiva y cuidarlo.
Catalina se apresuró a darle la razón: —¡Exactamente! Sofía tiene toda la razón. Ofelia, no te creas que por haberte casado con mi primo puedes despilfarrar a tu antojo. ¡Nuestra familia tiene dinero, pero no es para que tú vengas a tirarlo así!
Laura no pudo contenerse más: —¿Y a ustedes qué mosca les picó? Si Feli gasta su dinero, ¿qué les importa? ¡Dejen de meter las narices donde no las llaman!
—Solo lo digo con buenas intenciones —murmuró Sofía con tono dulce—. Después de todo, Adrián trabaja muy duro. Como su esposa, debería ser más considerada y apoyarlo, en lugar de solo exigirle cosas.

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