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Chaves de pesquisa: UN BEBÉ PARA NAVIDAD Capítulo 0113
Cuando comenzaron aquel pequeño paseo por carretera, Zack y Andrea se dirigieron hacia el norte y el paisaje cambió rápidamente. El aire olía a pino y el cielo era más luminoso. Condujeron con las ventanillas bajadas y el viento en la cara, mientras Zack cantaba con la radio y Adriana reía en su sillita en el asiento trasero.
Al cabo de unas horas, salieron de la autopista por un camino de grava y condujeron unos kilómetros más hasta llegar a la residencia de la señora Wilson. Era una villa pequeña y pintoresca rodeada de césped y árboles. Al acercarse, vieron a numerosos ancianos haciendo ejercicio en medio del jardín, mientras otros se acomodaban en las mecedoras y sillas de la terraza.
La señora Wilson los recibió con los brazos abiertos y una enorme sonrisa en la cara.
—¡Pero qué grande está la princesa! —exclamó al ver a Adriana y la bebé debió reconocerla de inmediato porque no aceptó bajarse de su regazo en todo el tiempo que estuvieron allí.
Les habló de su vida en la residencia y de los nuevos amigos que había hecho.
—La verdad es que me gusta mucho estar aquí, pensé que no, pero ya ves, toda esta gente va a mi ritmo —sonrió—. Siempre tenemos alguna novedad de nuestras familias y los fines de semana esto se llena de niños.
Para tranquilidad de Andrea, la señora Wilson se veía bien cuidada, su habitación era privada, limpia y acogedora, y las enfermeras siempre estaban muy pendientes de sus medicinas.
Para cuando la visita terminó, Zack pudo ver que Andrea estaba realmente feliz, porque sabía que una de las personas que la había ayudado en su momento de necesidad estaba contenta y protegida.
Cuando el sol empezó a ponerse, Zack y Andrea agradecieron a la señora Wilson su hospitalidad y se despidieron. La anciana les dio un fuerte abrazo y los despidió con la mano mientras se alejaban.
Cuando llegaron a Vancouver, Zack llevó a Andrea a cenar en un acogedor restaurancito cerca de casa y hablaron de su día. Se rieron y recordaron al prospecto de novio de la señora Wilson y lo mucho que se había divertido Adriana.
Al día siguiente, Zack amaneció más remolón que de costumbre.
—A ver, señor flojo. ¿Usted no piensa ir a trabajar? —trató de despertarlo ella dándole un beso.
—Pastelito, por favor, me pasé toda la noche haciéndote el amor, ¡hasta los sementales necesitan descansar!
Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
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