—Solo necesito un nombre. Uno solo —sentenció Zack en su siguiente llamada con el abogado Gazca—. Todos los hombres le temen a alguien, Licenciado, el señor Rizzuto no es la excepción.
Y Gazca le había conseguido aquel nombre: Jhon Hopkins.
Cuatro horas después allí estaba, sentado en una oficina completamente blanca y llena de luces en el cuartel general de Langley, en Virginia. Solo había tenido que pronunciar aquel nombre y el de Rizzuto en la misma oración para que lo llevaran de inmediato con aquel hombre.
—¿Está seguro de que quiere hacer esto? —preguntó el agente con desconfianza y Zack lo entendía: no todos los días alguien tocaba a la puerta de la CIA diciéndole que quería ayudarlo a capturar al mayor capo de la mafia de Montreal—. ¿Por qué no es honesto conmigo y me dice qué es lo que tiene contra Vito Rizzuto?
Zack tomó un pequeño bloc de notas y anotó solo dos palabras: "Andrea Brand".
—Investíguela y le diré por qué estoy aquí.
Jhon Hopkins se levantó y comenzó a hablar por teléfono de inmediato. Era un hombre de unos treinta y ocho años, serio y severo como ninguno que Zack hubiera visto antes. Tenía los ojos tan oscuros que no se distinguía la pupila del iris y cargaba toda la confianza del que ocupa el último escalón en la cadena alimenticia. En cierta forma lo era, después de todo, no podía haber alguien más duro que el Director de Crimen Organizado en la Agencia Central de Inteligencia.
Ese era un superdepredador, y a medida que pasaban los minutos Zack se convencía de lo que estaba a punto de hacer.
—Presa en Vancouver, acusada de tráfico por dos kilos de cocaína incautados en su auto —dijo Jhon cuando colgó la llamada—. Disculpe, señor Keller, pero eso parece un crimen demasiado menor teniendo en cuenta mi nivel de paga.
Zack sonrió porque le agradaba que fuera sincero.
—Su nivel de paga me tiene sin cuidado, señor Hopkins, pero esa que está presa es mi mujer, y la droga fue obra de uno de los hombres de Rizzuto en Vancouver. Usted es el especialista, ¿qué tan alto en la cadena de mando hay que estar para sacar de circulación dos kilogramos de coca pura y usarlo para su venganza personal?
Jhon arrugó el ceño, porque sabía que si con algo no se jugaba dentro de la organización canadiense era con el dinero.
—Por el acceso a esa cantidad de droga, tendría que ser un teniente medio... no demasiado importante, pero definitivamente con acceso a la cabeza de la organización —respondió Jhon pensativo—. Sin embargo hay algo que puedo asegurarle, y es que Vito Rizzuto no permite que su producto sea usado para fines personales, así que sea lo que sea que haya hecho el tipo que metió presa a tu mujer, no lo hizo con la aprobación del capo.
Zack sonrió de medio lado.
—Eso pensé —sentenció—. Y por eso estoy aquí. Voy a meterme en la boca del lobo y preferiría llevar respaldo. Estoy dispuesto a colaborar con ustedes, a cambio de que saquen a mi mujer de la cárcel. La policía de Vancouver ya no es confiable, así que les daré lo que quieren, si ustedes me dan lo que quiero.
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Os comentários dos leitores sobre o romance: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
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