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Capítulo 0091 de UN BEBÉ PARA NAVIDAD novel
Andrea no sabía decir exactamente cómo se sentía, pero aquella mezcla de miedo, impotencia y desesperación no la abandonaba. La supuesta enfermera que había sido la causante de darle una mala leche a la bebé ya no estaba por toda la casa cuando llegaron, pero ella se ocupó de comentárselo a Zack en un mensaje. A pesar de la situación tan terrible en la que estaba, no podía olvidar nada que pudiera usar contra Mason.
Esa noche no durmió, no pudo, pero asomarse a la ventana y verlo sentado dentro de la camioneta, atento a cualquier movimiento, podía darle cierta paz.
Por desgracia, Andrea no fue la única que lo vio, y a las cuatro de la madrugada, en medio de un frío infernal, Zack sintió un par de nudillos golpeando en la ventanilla del auto.
Respiró profundo cuando vio a los dos policías y tuvo la cortesía de bajarse.
—Oficiales. ¿Cómo puedo ayudarlos?
—Lo siento, señor, pero no puede estar aquí —dijo uno de los policías.
—¿Por qué no? —preguntó Zack con tono amable—. No estoy en terreno privado. No estoy molestando a nadie, esta es una vía pública y yo soy un ciudadano respetable. Legalmente no hay razón para que me pidan moverme.
Los policías se miraron un poco aturdidos porque no esperaban aquella respuesta.
—Bueno... es que uno de los vecinos está incómodo con su presencia —le explicó uno—, está en su derecho de denunciar.
—Comprendo, y sé perfectamente quién puso la denuncia, así que déjeme explicarle con claridad lo que está pasando —sentenció Zack con firmeza—. La hija de mi novia está en esa casa y ella está allí cuidándola, así que yo estoy aquí asegurándome de que nada les pase a ninguna de las dos. Conozco los derechos civiles del señor Lee, pero su derecho a mover los brazos termina donde comienza mi nariz, así que no pienso moverme de aquí y si ustedes son inteligentes no se van a mover tampoco. Porque si algo le pasa a esa madre y a su hija, sus nombres serán los primeros que salgan en primera plana, oficial... O´Grady —dijo leyendo la placa del policía.
Los oficiales volvieron a mirarse y Zack sonrió. Si Mason pensaba jugarse aquella carta, él no tenía ningún problema con virársela en contra.
—Bueno... supongo que podemos quedarnos un poco más —murmuró el policía.
—En ese caso, ¿los invito a un café?
A menos de diez metros, en la esquina de la calle, había una pequeña cafetería familiar que estaba abierta veinticuatro horas, y Zack compró café para todos, pero en ningún momento dejó de observar aquella ventana.
—Oiga... si no es mucha indiscreción, ¿esa señora es importante? —preguntó el otro oficial, Byren.
—¿Para mí? Es lo más importante del mundo —sonrió Zack apoyándose de nuevo en su camioneta—. ¿Para el resto del mundo? Bueno... es la representante de Baby Storm.
Los policías abrieron los ojos emocionados y Zack se dijo que era una bendición que los canadienses fueran todos fanáticos del hockey. Así que esos autógrafos, playeras y asientos en un par de juegos le compraron compañía por el resto de la noche.
Para las siete de la mañana Zack tenía ya en su celular una copia de todos los documentos que necesitaba y solo esperaba a que Andrea quisiera salir.
Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
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