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O´Grady y Byren estaban fuera de servicio por el fin de semana, pero estaban encantados de estar ayudando a la familia de la representante de Baby Storm; así que ellos también se quedarían para imponer la fuerza de la ley si llegara a ser necesario.
—Bueno, llegó la hora —dijo Zack cuando dieron las doce de la noche.
Adriana se había dormido temprano y Andrea daba vueltas por aquella habitación como si no tuviera consuelo. Desde el segundo piso de la casa de al lado, Zack podía verla perfectamente, como también podía ver que se habían apagado ya todas las luces de la casa.
—Como oficiales de la policía, no podemos aprobar la invasión a la propiedad privada —sentenció Byren.
—Precisamente por eso nos vamos a girar hacia el televisor y haremos de cuenta que no escuchamos tu plan —declaró O´Grady y Zack sonrió mientras se despedía de sus hermanos.
Zack respiró hondo, se colocó aquella mochila a la espalda y se tronó los dedos.
—En sus marcas... ¡y arrancan! —susurró antes de echarse a correr hacia la verja.
Treparla fue fácil para él. En silencio cayó del otro lado y corrió hacia el costado de la casa, camuflándose en las sombras.
No era una casa complicada, el estilo recargado ponía capiteles y salientes por todos lados así que llegar al segundo piso y caer como un enorme felino en el balcón de Andrea no le fue difícil.
Ella ahogó un gemido cuando sintió aquella mano que le cubría la boca para que no gritara, pero su corazón se aceleró cuando reconoció contra su espalda el cuerpazo enorme de Zack.
Él le dio la vuelta entre sus brazos, en medio de la penumbra y el silencio, y tomó sus labios con un beso urgente y atormentado y Andrea sintió que su cuerpo cedía, se amoldaba al suyo y respondía como si su boca fuera la última boca sobre la tierra.
Sus brazos la estrecharon con fuerza y su lengua invadió su propio espacio. Andrea dejó escapar un suspiro entrecortado, sus manos recorrían el torso firme de Zack como si quisiera asegurarse que estaba ahí y no era solo un sueño. Sus lenguas bailaban y sus labios se devoraban en busca del calor del otro.
Por fin sus labios se separaron a regañadientes, pero Zack no se alejó demasiado; su nariz rozó la de ella mientras la escuchaba gemir por lo bajo.
Comentários
Os comentários dos leitores sobre o romance: UN BEBÉ PARA NAVIDAD
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