Eso destruiría por completo al Grupo Rowe.
Mason le respondió con un tono muy plano:
—¿Cuáles fueron las condiciones cuando firmé el contrato? ¿Ya se te olvidó?
El grito de Ethan se cortó en seco; se quedó completamente congelado. Ethan todavía se acordaba muy bien de que, el día de la firma, Mason se le había quedado viendo y solo le había dicho una cosa:
—Voy a firmar el contrato, pero tienes que tratar bien a Amelia. Si me llego a enterar de que le haces un desplante, cualquier colaboración entre nosotros se acaba en ese mismo instante.
En ese entonces, él pensó que no era más que la típica preocupación de un hermano mayor por su hermanita y no le tomó importancia. Pero ahora... Un escalofrío le recorrió la espalda a Ethan. No pudo evitar preguntarse si la disposición de Mason para firmar en aquel momento había sido calculada desde el principio.
—Pero... —Ethan sentía culpa, pero aun así no quería dar el brazo a torcer mientras se defendía—. Yo no le he hecho nada malo a Amelia. Ella es la que no se queda en paz, ¡ella fue la que me falló primero!
—¿De verdad?
Mason soltó un bufido frío, con la voz cargada de indignación.
—Desde que regresé, en este poco tiempo, ¿cuántas veces ha salido lastimada Amelia por tu culpa? ¿Cuántas veces la has puesto en el ojo del huracán? ¿A cuántos peligros se ha enfrentado? Y cada vez que más te necesitaba, tú, el supuesto esposo, brillabas por tu ausencia. Ethan, yo no quería llegar a esto. Pero tú permitiste que la lastimaran una y otra vez. Así que ahora, este divorcio no se está discutiendo... Es un aviso. ¿Te queda claro?
Mason pensó que, como ya la habían descubierto una vez, Amelia se iba a quedar en paz en su habitación sin intentar escuchar más. Lo que no sabía era que, dentro del estudio, Amelia había instalado cámaras en varias esquinas muy discretas.
En ese momento, en la habitación del segundo piso.
Amelia estaba hecha una bola en la cama; la pantalla de su celular mostraba la transmisión en vivo de la sala de abajo. Así que vio el coraje de Ethan y escuchó la presión implacable de Mason.
Y cuando escuchó a Mason usar el proyecto como amenaza, exigiéndole con total autoridad a Ethan que se divorciara de ella, abrió los ojos de par en par, quedándose viendo las facciones firmes y decididas del hombre en la pantalla. Un temblor completamente desconocido le recorrió el pecho.
El hombre de la pantalla todavía tenía el brazo vendado, pero su silueta se erguía alta como una montaña capaz de protegerla de cualquier tormenta.

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