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Un Matrimonio Sin Contacto, Una Despedida Sin Lágrimas romance Capítulo 285

Los dos voltearon a ver hacia el ruido al mismo tiempo. Vieron a Amelia bajando las escaleras a toda prisa, sin importarle el tobillo lastimado. Sus ojos, que antes eran tiernos como el agua, ahora ardían de indignación. Llegó hecha una furia frente a Ethan, todavía con la respiración agitada por haber bajado corriendo.

—¡Ethan! —Amelia levantó la barbilla y lo sentenció, indignada y furiosa—. ¡¿Cómo se te ocurre pensar que todos tienen la mente tan sucia como tú?!

Ethan se quedó mudo por su aparición tan repentina y por el reclamo. Amelia no se detuvo y le siguió reclamando las cosas:

—¡Que Mason te diga que te divorcies de mí es para salvarte el poco orgullo que te queda! ¡No quiere que quedes en ridículo enfrente de los medios y de todo el mundo!

El coraje que traía en el pecho ya estaba desbordado. Al segundo siguiente, estuvo a punto de soltarle la verdad sobre el acuerdo de divorcio, decidida a dejarle claro a Ethan que esto nunca había sido cuestión de si él quería o no; ella ya se quería salir de ahí desde hacía mucho.

—De hecho, nosotros...

Pero en cuanto las palabras le salían de la boca, la mano grande de Mason la tomó de la muñeca, jalándola con suavidad hacia atrás. Le cortó lo que iba a decir. Frunciendo un poco el ceño, le preguntó en voz baja:

—Amelia, ¿a qué bajaste?

Luego, bajó la mirada hacia su tobillo que ya estaba un poco hinchado, y la voz se le tornó más seria:

—¿Te quieres quedar sin pie?

Amelia había bajado con puras ganas de defenderlo. En el momento en que escuchó a Ethan usar esos pensamientos tan sucios y bajos para hablar de Mason, se le terminó de acabar la paciencia. Podía aguantar los desplantes y las dudas de Ethan hacia ella, pero nunca iba a permitir que manchara a Mason de esa manera. Así que, aunque significara romperlo todo y arreglar las cosas de frente, tenía que protegerlo.

Sin embargo, ese coraje tan vivo se le apagó a Amelia en cuanto vio los ojos de Mason, que traían un leve tono de regaño.

Este detalle, sin embargo, cayó ante los ojos de Ethan como la gota que derramó el vaso, terminando de desquiciarlo. Ver a su propia esposa mostrar un lado tan tierno frente a otro hombre y justo en su cara... Eso lo puso más furioso que cualquier mala idea que pudiera tener en la cabeza.

—¡Ya basta! —Fuera de sí, Ethan señaló a Amelia y gritó—: ¡Amelia, tú eres la que está en medio del escándalo ahorita! ¿Y todavía ustedes dos se ponen de acuerdo para obligarme a firmar el divorcio?

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