—Sí, obtuvo el primer lugar... empezando por abajo.
—Y su nombre está marcado en rojo. ¿Eso no significa que fue descalificada?
Las risas a su alrededor atravesaron el corazón de Hannah como cuchillos.
Pero Hannah se negaba a creerlo. ¡No había forma de que el vestido que había dejado maravillada a toda la sala recibiera cero puntos!
¡Último lugar!
Estaba convencida de que Amelia estaba detrás de todo.
Estaba segura de que Amelia había usado su poder como jueza para vengarse, solo para impedirle ganar y robarse los reflectores.
En aquel momento, Hannah olvidó por completo actuar como una dama distinguida.
El rostro se le torció de rabia. Ya no podía fingir. Se dio la vuelta y corrió hacia el salón principal como una loca.
La ceremonia de premiación todavía no comenzaba. Dentro del salón, todos los jueces ya habían tomado asiento y hacían los últimos preparativos para el programa que venía.
De pronto, la puerta tras bambalinas se abrió de golpe. Hannah irrumpió, llena de furia.
Ignorando al personal que intentaba detenerla y las miradas atónitas de la multitud, corrió directo a la mesa de jueces y fulminó a Elliot con la mirada.
—¡Señor Carrington, este resultado es injusto! ¡Alguien abusó de su poder! ¡Usó su puesto de jueza para vengarse de una concursante!
Elliot, un líder respetado en el mundo del diseño de Cindara, conversaba tranquilamente con los demás jueces. La acusación repentina lo interrumpió y frunció el ceño.
Alzó la vista y examinó a la mujer descontrolada frente a él. No la recordaba en absoluto.
—¿Quién es usted? —preguntó con voz grave.
—¡Me llamo Hannah Gray! ¡La concursante número treinta y dos! —respondió ella de inmediato. Se señaló a sí misma, con la voz temblando de rabia—. ¡Todos vieron que mi vestido era el más impresionante de todos! ¿Por qué recibí cero puntos? ¿Por qué quedé en último lugar? ¡¿Y por qué mi nombre está marcado en rojo?!
Al escuchar el nombre de Hannah, la expresión de Elliot se volvió fría.
La confusión en sus ojos fue reemplazada por un claro desprecio.
—Señorita Gray, debo recordarle que los resultados de la competencia fueron revisados y aprobados por todo el panel de jueces. El proceso fue abierto, justo y transparente. Ningún juez individual puede manipular los resultados. Por favor, compórtese con dignidad.
—¿Dignidad? ¡No le creo! —Hannah no escuchaba nada. Se dio la vuelta y señaló directamente a Amelia—. ¡Amelia! ¡Admítelo, hiciste que me dieran cero puntos! ¡Solo tienes celos! ¡No quieres que gane!
—Sé que siempre me has odiado por Ethan. ¡Pero no olvides que ustedes se divorciaron por sus propios problemas! ¡Tú no supiste conservar a tu hombre y no fuiste lo bastante buena para él! ¿Qué tiene eso que ver conmigo?

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