—El abuelo construyó La Casona del Bosque para la abue Mariaje hace décadas. Esa fue la prueba de cuánto la amaba.
Los hombres de la familia Castell siempre habían demostrado su amor con acciones, no solo con palabras. Había sido así por generaciones y nunca había cambiado.
Isabela sonrió.
—De acuerdo. Te creo. Fíjate por dónde pisas al bajar las escaleras. No te vayas a tropezar.
Agustín siguió bajando, sin soltarle la mano.
—Qué silencio. ¿Estarán todos dormidos todavía?
¿O era que ella se había despertado demasiado tarde?
Agustín respondió:
—La abue Mariaje y mi mamá se levantaron temprano. Fueron a llevarle el desayuno a Celestia. Hoy le dan el alta.
»Seguramente los demás irán al hospital más tarde también.
Isabela comentó con envidia:
—Tu cuñada tiene mucha suerte de que todos la traten tan bien.
Casi toda la familia fue a buscar a Celestia al hospital después de que dio a luz.
Eso demostraba lo importante que era Celestia para la familia Castell.
Su posición era intocable.
Era la nuera mayor y sería la futura matriarca de la familia. Su lugar tenía que ser seguro para poder ejercer su autoridad.
Para mantener la paz en la familia, cada miembro le daría a Celestia el máximo respeto y no dejarían que ninguna otra de las nueras la opacara.
—Voy a hacer que todo el mundo te envidie a ti también, Isa.
Isabela sabía por qué la familia Castell le daba prioridad a Celestia. Ella haría lo mismo si fuera una de las mayores de los Castell.



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