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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 556

—Mamá, mírate, te ves tan cansada… ¿No has estado comiendo bien? —Penélope siempre había sido una chica muy madura. Desde pequeña, sabía que su madre, Frida, tenía una salud frágil. Frida tenía que trabajar en varios empleos para mantener la casa, y aunque recibían algo de ayuda de la escuela, no era suficiente. Ante los altos costos de los medicamentos, Penélope jamás se quejaba ni decía que estaba agotada.

—No te preocupes por mí, hija. Si no fuera por la ayuda de las dos señoras, no sé qué habría hecho. Fui a buscarte a la escuela y fue allí donde escuché que te había pasado algo. También fui a la empresa, pero me sacaron y no me dijeron nada sobre ti. Ahora que te veo bien, ya puedo estar tranquila —dijo Frida con alivio.

—¿Ellos te hicieron algo? ¿Estás herida? —Penélope se alteró de inmediato, y de repente sintió un dolor intenso que le oprimía todo el cuerpo, como si sus órganos se retorcieran.

—Penélope… Penélope, ¿qué te pasa?

—Me duele… me duele mucho…

Solo Frida sabía lo que estaba pasando: era otra vez esa vieja enfermedad. Tiempo atrás, Penélope había recibido un trasplante de órganos de una niña de su edad, todo por seguir el consejo de alguien que les prometió una solución… Frida no tuvo otra opción, quería salvar la vida de su hija, y aunque eso permitió que Penélope sobreviviera, jamás imaginó que las secuelas serían tan graves. No solo había perdido la memoria de lo ocurrido antes del accidente, sino que cualquier cambio de clima la enfermaba con facilidad…

Si no hubiera sido porque, en los momentos más difíciles de la familia Salazar, un caballero los ayudó y cuidó de Penélope, ella no habría llegado hasta aquí.

Las tres estaban tan nerviosas y confundidas, que solo gracias a Frida, quien le dio su medicina a tiempo, el dolor de Penélope se alivió un poco.

De repente, Penélope recordó algo importante: el asunto de la restauración de joyas…

No había sido ella, ellas no robaron sus joyas.

—Mi celular… ¿dónde está mi celular? —Penélope buscaba desesperada—. Tengo que llamar al Sr. Liberto, tengo que decirle… lo de las joyas, yo no robé nada.

En ese momento, Joaquín entró a la habitación con los medicamentos que acababa de recoger en la farmacia.

—Durante todos estos años, siempre ha ayudado a nuestra familia sin esperar nada a cambio. Si no fuera por él, yo tampoco habría sobrevivido.

Penélope bajó la mirada y no dijo nada.

Todo esto no pasó desapercibido para Vanessa; lo entendió perfectamente, pero prefirió guardar silencio.

—Joaquín, por favor, ¿puedes agradecerle al Sr. Liberto de mi parte? Yo… ¿le estoy causando más problemas otra vez?

Joaquín no sabía cómo explicarle que el Sr. Liberto ya había decidido poner distancia entre ellos. Después de casi diez años de relación, durante los cuales había cuidado de ella en todos los aspectos, tanto en lo personal como en lo académico, incluso si tenía un simple resfriado, el propio Sr. Liberto la atendía en las noches. Sabía lo delicada que era su salud y por eso, en la Villa Sueño del Cielo, siempre contaban con el mejor equipo médico y un doctor de cabecera, todo para que Penélope pudiera recibir tratamiento a tiempo.

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