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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 661

Rafaela jaló a Maritza para ponerla detrás de ella y le dijo:

—Maritza… solo fue un impulso, ella no es así. No te enojes con ella.

—Estamos en un momento clave para tu nombramiento —intervino Fermín—. Si algo pasa justo ahora y alguien con malas intenciones lo aprovecha, te va a perjudicar.

Alonso Cruz miró a Maritza con evidente molestia.

—¿Y ahora por qué fue?

Maritza agachó la cabeza todavía más, sin decir una palabra.

—Sea cual sea la razón, no fue culpa de Maritza —dijo Rafaela, tomando la mano de Alonso en un gesto de súplica—. Ya no te enojes con ella, ¿sí?

La tensión gélida que rodeaba a Alonso por fin pareció disiparse un poco.

***

Liberto Padilla se enteró de la noticia justo cuando terminó la junta de la tarde, casi a la una.

Joaquín le informó:

—Esta vez fue porque la señorita Maritza tuvo un altercado con la señorita Penélope en la escuela. Se pelearon en el edificio de laboratorios. A la señorita Maritza no le pasó nada, pero la señorita Penélope sigue en el hospital. Dicen… que del otro lado no piensan llegar a un acuerdo, quieren demandar a la familia Cruz. Ahora mismo, la señora Ortiz y la señorita Vanessa están en el hospital. Y… la señorita Rafaela y el señor Cruz también fueron para allá.

***

En el hospital, un policía todavía tomaba declaración.

—La mejor solución ahora es que ambas partes lleguen a un acuerdo. Si quieren proceder legalmente, tampoco nos opondremos. La decisión es de ustedes.

—No fue nada, no hay por qué hacer esto tan grande —dijo Penélope Salazar—. Señora Bautista, señora Vanessa… de verdad estoy bien, no quiero que esto se complique. La ropa de Maritza es carísima y yo se la ensucié. Es normal que se enojara.

—Es bueno que piense así, señorita Penélope. —Una voz resonó desde el pasillo y, al voltear, vieron a Fermín entrar en la habitación, seguido por un abogado—. Si esto se hace más grande, la verdad es que la reputación de la señorita Penélope podría verse afectada…

Vanessa se puso de pie.

—¿Y ustedes quiénes son?

En el consultorio, cuando Maritza había atacado a Penélope, se había raspado un poco el costado de la mano. Rafaela quiso curarla, pero ella la esquivó y, desde entonces, no le había dirigido la palabra.

—Si no quieres que te cure, entonces aguántate el dolor —dijo Alonso.

Aunque Maritza había sido la que empezó la pelea, Rafaela no se quedó tranquila, así que le sacó una cita para que la revisaran.

Rafaela llevó a Maritza a sentarse a un lado y le limpió la herida con yodo.

—Ya sé que estás enojada. Enojada porque no te conté que me casé. Y también sé que lo hiciste por mí, porque Liberto defendió mucho a Penélope. No te lo dije porque tenía mis razones.

Parecía que a Maritza no se le había pasado el coraje. Retiró la mano de un tirón y se levantó.

—Ya que todo está resuelto, señor Liberto… ¿nos vamos? En un rato… tenemos otra junta en la empresa.

Vanessa soltó una risa fría.

—¿Después de las porquerías que mandó a hacer todavía tiene la cara para aparecerse por aquí? Si no hubieras intercedido, jamás habría dejado que Penélope firmara esa carta. ¿Esa es la mujer que elegiste? —Después de lo ocurrido, el descontento de Vanessa hacia Rafaela solo había crecido, dejando únicamente una profunda decepción—. Vaya que tiene sus mañas. Usa como títere a la consentida de la poderosa familia Cruz y, cuando todo explota, ¡tiene a un montón de gente limpiando su desastre! Ella, en cambio, se retira como si nada, ilesa. ¿Qué pasa, ahora le remuerde la conciencia y por eso no se atreve a dar la cara?

Aquellas palabras llenas de ira dejaron a algunos confundidos, pero quienes debían entender, entendieron perfectamente.

Además, Vanessa dijo todo eso mirando directamente a Liberto.

Fermín, al ver que la presencia de Liberto había bastado para que firmaran el acuerdo en cuestión de minutos, sintió una punzada de duda. En medio de todo, percibió la extraña tensión en el ambiente entre ellos.

Justo cuando iba a explicar por qué la señorita Rafaela no había llegado…

Maritza apareció de la nada con una cubeta de agua en las manos y se la arrojó directamente a Penélope.

¡Splash!

—¡Infiel! ¡Quitamaridos! ¡Para que aprendan a no meterse con Rafaela!

Luego, ¡le aventó la cubeta vacía a Liberto!

—¡Muérete!

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