—El Señor siempre supo todo, solo que no dijo nada frente a la Señora.
—El Señor la detuvo porque considera que no debe seguir equivocándose.
—Aunque fuera una broma, para el Señor no lo fue.
—No es que el Señor no confíe en usted, sino que… una simple palabra de la Señora puede costarle la vida a alguien.
—Por la relación que tuvo con su madre, el señor Huerta está en Liaskó… Lo que la Señora diga, representa la voluntad del señor Huerta.
—Aquí es… ¡territorio de la familia Huerta!
Mauricio asintió.
—Así es, Señora. Todo lo que alcanza a ver, son propiedades de la familia Huerta.
—Supongo que… ya conoció al señor Huerta en Liaskó, ¿no es así?
«¿Me equivoqué?».
Pero lo que le dijo a Saúl no tenía esa intención en absoluto.
Rafaela frunció el ceño. Al mirar por la ventana, notó que en algún momento había comenzado a llover.
—El día de la conferencia de prensa, cuando se fue la luz en el Residencial Jardín Dorado, ¿la Señora de verdad creyó que fue un cortocircuito y no algo provocado?
«¿No fue un accidente? ¿Fue Liberto?».
En ese momento, todo el Residencial Jardín Dorado se quedó sin luz, Liberto estaba ahí y la transmisión en vivo se interrumpió. ¿Acaso él… lo había previsto todo?
Sorprendida, Rafaela lo miró.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...