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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 701

Una sola villa en Villa Sueño del Cielo costaba casi doscientos millones de pesos, sin contar los millones que Liberto Padilla gastaba cada año, sin chistar, en el tratamiento de diálisis para la madre de Penélope Salazar. Aparte, todo lo que usaban y vestían era siempre de lo mejor.

¿Y una relación de más de veinte años, de toda la vida, valía menos que una tal Penélope?

Si no fuera porque Liberto todavía le servía al Grupo Jara, Rafaela Jara jamás habría seguido usando su matrimonio para mantener ese equilibrio donde cada quien obtenía lo que necesitaba.

—Con este dinero te alcanza para mejorar tu vida. Consiéntete un poco, cómprate un carro mejor. —Aunque era una frase de preocupación, en su boca sonaba altanera.

Rafaela le echó un ojo a la tela del vestido de maternidad que llevaba puesto; no costaría más de cien o doscientos pesos. Para ella, eso era ropa de tianguis.

—No es necesario, señorita Rafaela, es demasiado.

—Yo no vine por dinero.

—Cállate, qué fastidio —dijo Rafaela.

Justo cuando se disponía a irse, una voz que todos pudieron oír resonó desde la esquina de la cafetería.

—Firmo, señor Liberto.

Liberto se detuvo y miró a la persona que estaba a unos pasos de él. Su mirada profunda se encontró con la de Rafaela, que estaba sentada junto a la ventana.

La voz detrás de él continuó:

—Los dos años se pueden cambiar a tres. Y en esos tres años no quiero ninguna comisión por mis diseños. Tómalo como un pago por todo lo que has hecho por mí.

Cristina, que también había salido corriendo detrás de ella, exclamó:

—Penélope, ¿estás loca?

—¿Sabes lo que estás diciendo? Es obvio que el Grupo Jara solo quiere ponerte una trampa para usarte y ganar dinero. No tienes por qué trabajar con ellos para ganar esa cantidad.

—Y no me toques con tus manos sucias.

—¡Qué asco!

A pesar de que había bastante gente en la cafetería, Rafaela no tuvo reparo en humillarlo.

Lo empujó con fuerza y, antes de irse, no olvidó lanzarle una mirada de desdén y desprecio a Penélope. Luego, se marchó con la frente en alto, haciendo resonar sus tacones.

Que Liberto se la encontrara ahí fue pura coincidencia. Justo cuando ella estaba por subir al carro, él la agarró de la mano y la acorraló contra el vehículo.

—Quedamos en dos días, y en menos de uno ya cumpliste con lo que la señora Padilla te pidió. ¿Qué es lo que te molesta?

—Qué casualidad, ¿no? —replicó Rafaela—. Que justo hoy tu nuevo amor y el de antes se encontraran aquí…

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